Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba
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sábado, 8 de agosto de 2026

Eclipse/Vera de Prado

Voz velada. Vista velada

a quien ya no tiene

/la mirada adecuada/

Y le ponen gafas

para ver /la oscuridad

certificada/. 

Vera de Prado 

...

Porque, quizá, siempre recorrí calles solitarias que me llevaron a parajes desolados, montañas sin agua, horadadas y vacías…

Porque, quizá, perdido de todos, para todos y sus intereses, busqué en mí la culpabilidad, la disidencia de mí mismo, recorriendo esas calles donde las esquinas te rechazan, y perdido de mí, solo encontré restos, luces rotas, ilusiones que no nacieron, podridas en callejas truncadas, hedor y ecos de pasos pautados, los ecos de los extremos, habitaban en mí, los conozco, noche tras noche escuché el retumbar de su avance, venían a mí en la oscuridad, delatando paredones en el laberinto, ahora decorado con otros colores que destiñen las calles de mi alma, en donde palpo los desconchones de las balas que tantas partes de mí, asesinadas, no se llevaron, allí donde me acurruqué y aun tiemblo y tiemblo al recordarlo, esperando que esa vez no me encontrasen, pues ya no quedaba nada en mí, y marchasen con su paso militar y muriesen con la noche que muere en silencio, y, solo así, intentar levantarme entre los restos de mis cadáveres, para llegar al revés a ninguna parte en mí,

- vamos 

Porque, quizá, al cerrar los ojos, cuando los demás reclaman luz muerta, como inútiles cosmonautas que contemplan agujeros negros 

para no ver las ratas que les devoran,

y soñar con las ausencias, con todas y cada una de las ausencias que conforman mi presente, sintiendo que sin ellas no sería lo que hoy soy, lo que no era de aquellas, allí, ya de pie, con el desvelo entre luces artificiales, me recuerdo mirando, embelesado, a una máquina que removía un granizado de hielo, simulaba la niebla en la que viví unos años, se ondulaba igual que ésta cuando lamía y borraba el paisaje en su descenso desde las cumbres, niebla espesa que todo lo cubre, manto de cristales que rasgan y velan la luz del que mira, como un eclipse total certificado, el inicio del ritual de niebla de tormenta entre las calles, simétricas, de mi cerebro, por allí aparece su eco, como viento gélido que te barre cuando ya sólo eres escamas, sin nada de ti que te sustente, ya nada, el viento en la calle del medio, sin esquinas, que te barre porque ya todo en ti es vacío, ese viento inútil que siempre te hunde hasta que aprendes, llorando, a volar...

- vamos

 Porque, quizá,

cuando tu mirada es perdida hacia dentro, y la lucha de tus egos en ese espejo roto y negro que te abofetea hasta desear la muerte, 

quizá,

después de un rato, te reconoces, a veces un largo rato, si intuyes que has lavado los falsos colores que cegaron y engañaron tu raciocínico, a veces, solo a veces, te reconoces en la oscuridad, entre los extremos de tu mente, allí donde habitan las luces, y entre ellas caminas en la sombra, hasta dar consistencia a los perfiles, como el agua que justificaba las riberas, antes de que la inteligencia artificial secase nuestros ríos, y las imágenes se estriegan en tu cerebro, la suciedad fluye entre los surcos, se apantana en tus ojos, allí la diseccionas, intentas reconstruir un tiempo en el que nada brilló, guiados por la negra luz del círculo oscuro, en ese ritual invertido en el que nadie ganó, nada brilló, ni las ausencias, aunque sí hubo un destello que no fue observado, medido, cuantificado, que, quizá, nació del punto ciego, y fue el germen que no consiguieron exterminar, el de la última revolución, pero yo ya estaba en ella, con mi punto de fuga interno, lejos de esos colores artificiales arrancados, de donde extraigo estas imágenes, pero aun así me recuerdo en ellos,

- vamos

porque ellos tiñeron mi ausencia, me llevaron a los márgenes en donde escribo, allí donde las notas no buscan pentagrama, esa zona que nominan silencio, al que regreso, finalizada esta variación, donde todo vibra en frecuencias inaudibles desde sus nichos pautados, diales ignotos que anuncian una nueva dimensión, pues a través ellos se sublima lo que soy, una tintura de Blues, la que mancha estos folios cuando se desborda algo en mis ojos, filtrando, recogiendo de la magaya piedras y luces rotas, restos,

- vamos

(Puede parecer que huimos, sí, pero sabemos de la mirada del águila que levanta el vuelo, en busca de los horizontes verdes, muy por encima de la tierra que alumbran, muy por encima de los que son sacrificados cara al sol negro, y conocemos la ruta de los vientos inútiles, los que escapan de tragedias programadas, hacia la avenida del Atlántico, allí donde conocimos a Vera, y nos susurró que siguiésemos la ruta del fin del mundo, esa carretera secundaria, olvidada, que parte de nosotros y llegará a nosotros, si somos capaces, imaginando, sí rompemos el círculo vicioso de las dos dimensiones contrarias, las que buscan encadenarte a las tierras asoladas, y dibujar espirales en el cielo, caminos efímeros a la vista de los que no quieren, no saben, no pueden ya, aun ardiendo, mirar, pues desconocen que el vuelo del águila no deja rastro) (...)

suya ahora es la autopista hacia el infierno, sus peajes…

 - vamos

porque ahora recorremos carreteras solitarias que nos llevan a parajes donde la vida brota a cada paso que damos, montañas llenas, la Magia que subimos: nuestro camino

... 

y ya solo buscamos rescoldos de fuegos internos en miradas que son faros, guías en los finales de este mundo ya digerido, a la espera de excretar restos,

los restos de mis cadáveres en mi ausencia

de los que mana la fuente

Fuentes:

En estas líneas se parafrasean unos versos de una estrella que nos guía: Luis Miguel Rabanal.

Asimismo, también se parafrasean unos versos de quien nos enseñó a escrutar el cielo sin creernos los egocéntricos del universo, obviando a las ratas que nos devoran: Manuel Vázquez Montalbán.

Existe un rescoldo que se aviva desde La Negra Luz del Círculo Oscuro. Libro de relatos de José Luis García Cordonié (José G. Cordonié), cuya ficción de lo extraño nos asombra y recomendamos leer mientras se escucha su playlist.

(Me) Pido perdón, a quien corresponda, por haber vaciado un poco más los ríos, al consultar y refrescar a la IA, mientras me cuezo inmerso en estos tiempos agostados. Esta sociedad es la paradoja de la rana que se cuece en el cazo de sus excrecencias.

A veces, desde que salí de esta niebla, cuando aprendí a desenredar mi insomnio escrutando cielos despejados, me sorprende una estrella que nace de la oscuridad y a la que intento seguir. Esa chispa nace de un verso de Gsús Bonilla.

El párrafo que encabeza es un poema no escrito por Vera de Prado, y se ha confeccionado con extractos de conversaciones mantenidas con ella. Conocimos a Vera cuando se hallaba recitando a Gabriela Mistral en una calle de Punta Arenas, enfrente de la Casa Naranja. Visualizo que será la escritora referente del amanecer que se vislumbra desde la carretera del fin del mundo. Con Vera de Prado supe que lo que buscaba no estaba en los finales, pues ella me señaló el origen, lo que corre por sus venas, lo único necesario para romper el círculo y aprender de la vuelta dada.

Escribo desde la montaña, allí, desde las cumbres peladas de mi chota, observo el eclipse de la Tierra que se asoma en el ojo del culo, y estudio y admiro los vientos que se aprovechan de la tormenta para volar más alto, enseñanzas de la señora Águila.

Diferentes vientos, en bandadas o en vuelo solitario, nos han de llevar al mismo sitio. Desde la admiración quiero dedicar las frases que correspondan a quien conoce del dolor y mantiene el rescoldo de la llama en sus ojos. Sol que no se eclipsa y Zapi, Gracias.

Es premisa alquímica que todo nace de lo que arde y se consume. Todo está interconectado y nada tiene medida. Todo nace de un Ardimiento, como bien sabe Esteban Gutiérrez Gómez, del que esperamos nuevas, buenas como siempre, en breve.

Se te recuerda, Rodri.

De la negritud surge la gran obra, el nigredo y el rubedo, lo negro y lo rojo, la noche más oscura y el rojo amanecer (sí, la alquimia es anarquía, como nos enseña el maestro Andityas Matos, y no tiene medida ni bandera ni pertenece a los -ismos). De ello sabe mucho el gran Odklas, que con sus Cuadernos Negros (en donde se vislumbra el rubedo), consigue, el muy cabrón, otra Gran Obra.

Antes de regresar al Silencio, me gustaría recordar al Poeta David González, leo Tocayu de David Mardaras, quien siendo, lo que es abajo es arriba, luz efímera como la vida en esta tierra, ya es estrella que hay que saber observar y leer, como saben los originarios seguir los patrones de huellas en el polvo.

Cierro, pues me sale de los cojones, con un verso de Lope de Vega:

 (…) ni temas a la mar, ni esperes puerto.

Fluye, pues