Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

martes, 3 de enero de 2017

Canto_48

me apetece cantarte, príncipe del claro oscuro
con tu voz susurro en el último cruce,
con tu baile de trazos lentos, como hombre blanco que restriega las suelas de sus zapatos sobre la cruz de los tiempos,
como hombre blanco que intenta borrar la frontera, la última, la que hace virtual un camino,
ya sin ritmos internos

me apetece cantarte, príncipe de los susurros, profeta que sentencia el hasta aquí hemos llegado o esto es todo, amigos, cuando el telos es una toalla que cae sobre el ring en donde todos tropezamos, y solo queda el amargo viento que cruza el umbral de la cuenta atrás
...
me apetece cantar al que cantó a medias siempre, conocedor de que la risa de los vientos rompe las palabras y las dispersa
sin semilla
me apetece cantar al que murió como cantó: dejándose caer hacia lo innombrable, fluyendo en sueños hacia el abismo...
allí donde lo errante se arraiga
...
y te canto con un duelo improvisado, los finales se abrazan a los principios, pues soy uno de esos poetuchos que te glosan en respuesta a la llamada de tu canto, uno de los que ya saben que somos los fetos abortados del monstruo que todo lo fragmentó,
y hemos dejado atrás a la rueda de los tiempos quieta en la frente del Manson (hijo del hombre),
a la voz del viento que se desató entre nosotros, los restos,
los que avanzamos en el intervalo del ruido que sigue después de tu canción, que no se afina y que todavía no consigue ser
silencio...
todavía no
...
Es lo que queda después del sacrificio,
lo único que nos queda:
ser como cisnes negros que vacilan buscando alas confundidas entre los restos de las sombras, recién salidos de un naufragio de sangre
...
Y te canto escuchando ese aleluya
en donde se infiltra
la nota del diablo,
y
se cierra la frontera del intervalo maldito
de una época que llamó
a lo último de la carnalidad del ego,

donde luces de neones
disimulaban las grietas
de las palabras rotas,
vacías,
que caen del esfínter abierto
como notas digeridas
que no abonan el campo inculto
del pop transgénico
...
Sí, hoy me apetece cantarte, sacerdote de la dualidad, pues hiciste bonita la caída y tu canto acompañó la derrota escrita de los que se quedaron
en los cruces de sí mismos,
encerrados en su habitación de pieles decoradas con símbolos vacíos:
solo hombres blancos que no saben bailar
y tropiezan con las líneas blancas, que aspiran borrar, con sus suelas sin agujeros...
líneas que cruzamos sin entender
los susurros de un alma invertida en el espejo roto
donde nada tiene medida
ni orden en la última deconstrucción
Te vi inclinarte con serena sorna ante los que todavía no entienden cómo los versos escaparon de la fosa, y guardarte el sobre y decirles que una esencia innombrable te enseñó los seis acordes...
y al repetirlos tres veces aprendiste que el Duende muere cuando se intenta clonar y presentiste lo inevitable:
tu muerte fue la última caída
de un ángel...
el final, medido,
de un tiempo
...
Pero qué más da,
no importa...
ya no...
queda registro
de tus cantos:
la banda sonora,
ambigüa,
que no entenderán
los que siendo el vidrio roto, ya pagan
con su sangre quieta
el infierno de las orgías que no han vivido
...
Amanece y tu voz se apaga, aún más oscura, sí, cuando ya todo es pos... todo está roto,
todo profanado
por las sombras proyectadas de los que nunca fueron en estos tiempos,
errantes dentro del círculo
que no les protegió de sí mismos...
solo lágrimas negras, sin alma,
afluentes de los ríos oscuros
de esa babilonia erradicada
a la que cantaste desde el silencio del que ya solo observa el hueco,
ourobórico,
de la torpe danza de un occidental sobre sus últimas cenizas
...
Ya nada tenemos dentro para simular que tocamos un Blues...
nada para pactar,
ya estamos fuera de un juego que nunca fue nuestro,
donde nos dejamos robar el único triunfo, el Amor...
Serán otras lágrimas, nacidas del fuego que todo lo purifica, las que renueven los sellos rotos,
ya inservibles,
las que te lloren de rojo lacre

ardiendo
Y sí, tenías razón: sonaba como la Verdad...
pero la verdad de hoy es que no existe la Verdad,
esa es la verdad, nos dicen,
y cantamos a la pre- y pos-verdad, como dualidad que simula un último orgasmo del logos ante lo extirpado...
Y mientras nos excretan por ese agujero en el que nos hemos perdido,
aún nos queda tu legado:
salir de este interludio donde todo acaba...
aprender a componer una nueva canción
por si queda alguna semilla no transgénica del alma
entre la ceniza que se abraza a la mierda
Mi camino ya es a través de las ruinas de los altares donde los egos simularon espinas y clavos sobre cruces de diseño a granel construidas por manos esclavas que murieron para redimir ansias de consumo barato, sabedores de la contraseña en sus manos...

Mi camino ya es a través de las fábulas posmodernas que arden como virutas,

fuegos de fatuidad...

Mi camino ya no ve las ruinas de los palacios que colapsaron por los agujeros excavados de los que querían y no querían huir de sí mismos solazándose en los laberintos de espejos frente a los que se pudrieron buscando el elixir que resolviese la antilogía del reflejo
Tú me enseñaste los cruces de occidente, la batalla infernal frente a ese espejo,
hoy roto,
hoy nada
...
Y es mi deber buscar
al hacer un sendero,
revelar desde el trozo que de mí libre de mí
lo que quede
de un ritmo interno,

del alma...
letra a letra
ahora
cuando ya no queda

nada

a lo que echarle la culpa

nada

por lo que arrepentirse
...

escrito con el poso de los versos de Lorca y Leonard Cohen