Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

jueves, 5 de enero de 2017

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Me he regalado una correa anti ronquidos, je, je... Y me río porque caigo en lo que critico, es decir: por no llorar, pues es una disonancia en toda regla. Y se somatiza en dolor de cuello al despertar y el vago recuerdo de pesadillas insondables,
como el bozal que censura,
se auto censura con otro gadget.

El aparato en sí tiene mucha similitud con ese pañuelo que se anudaba en la coronilla
y sujetaba la mandíbula en los tebeos que leía de crío:
cataplasmas para dolores de muela.

En este caso, busco evitar
dolores de cabeza de los pocos
que me aguantan.

Pero me río
de mí mismo.

Lo que prima es el silencio. Pero no ese silencio creador, buscado y ansiado, en el que vivo...

Se lleva el silencio
que embalsa al río
y lo mata.
Todo el cieno se acumula en la presa...
en este caso mi boca.

Demasiadas veces
me dejo ir...
es como un suicidio
en el que poco a poco todos caemos
y acabamos cerrando la puta boca
y extendemos la mano
a ver qué cae

y no

así me pillan

el virus se adapta a todos y cada uno de nosotros
siempre está latente
Dios, qué puto aburrimiento es la espera del fin a al que nos hemos abocado...
procastrados, propasivos, proactivos procastinados propers... demasiados pros a nuestra contra

supongo que todos pasamos por lo mismo: asco, furia... supongo que la gran mayoría mira hacia otra parte, pero es imposible... supongo que despotricas, no entiendes a los borregos, no te entiendes... lo mismo dicen de ti, fijo... todos seguimos un proceso... la cuestión es darse cuenta y no hacer nada... ese es el problema... tanta indignación por todo, por cada cosa en particular, la división de la indignación en microindignaciones que nos comen el potencial de indignación, tanta indignación colapsa, te bombardean para que te indignes con una cosa, luego otra, hasta que caes rendido sin fuerzas, dócil, has agotado tu cupo de indignación en temas que no son triviales, pero que son parte de la verdadera indignación, la que te cuelan entre otras y tu indignación pasa sobre ella como un relámpago y yatá, somos a los intelectuales lo que los eyaculadores precoces a una buena vida sexual... acabamos frustrados... como ya no existen los macrorrelatos, nuestra indignación se parcela, y así se agosta y deviene en el mero acto de un click y luego otro, un twwet, seguimos piando cuando deberíamos morder, pocos pájaros carpinteros se concentran en un solo tema y hacen algo...
 
mientras tanto, nos damos de hostias minimalistas, como quien no se atreve a entrar a quemar el palacio que los esclaviza, y se mata discutiendo por el decorado del foso al que cae, irreversiblemente, mientras desde el balcón se descojona el de siempre...
bueno, eso de acercarse al palacio con las puertas abiertas por falta de mantenimiento es una metáfora... los fosos de hoy son los foros...

Pues nada... que felices reyes... Yo, a lo mío:

Venga, monstruo, estoy atrapado en tu red... acércate confiado a comerme... guardo un zarpazo para ti, preservo mi boca, moriremos los dos cuando se desborde con las pestilentes palabras que apantano en ella
pues los dos somos uno:
yo
yo

y ambos roncamos
de cojones
... 

(otro gadget a la basura)