Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

jueves, 19 de mayo de 2016

_36_ el resplandor

(...)
Yo ya cumplí mi parte.  (...)
No les pido que me recuerden. Pero alguna vez enciendan un cigarrillo por mí y piensen como lo hice yo.
Sin mirar atrás

...
  
Hunter S. Thompson


...

es un simple resplandor, no se admiten apuestas, no existen estadísticas, ni manuales, guías, ni medallas ni perdedores en el fracaso. 

Nadie regresa al mismo camino.

Es el resplandor del chasquido, las primeras hebras que se inmolan, la primera niebla que en ti entra de cada cigarrillo, ese resplandor que reclamó para sí Hunter, la gran metáfora que nos pide en su recuerdo, el resplandor de la pólvora que estalló en su boca, en su recuerdo prendo el cigarro, pues la muerte reclama la vida de quien se la come a lo Gonzo y sólo unos pocos han de morir vivos. 

Lo demás es la ceguera en las sombras. Una última mirada que palpa, en círculos concéntricos, los cascotes de un occidente sin atributos, descabezado, degollado, así sucumbe, cuando el fruto sin semilla regresa a la tierra olvidada. La gran ironía que nadie ha de recordar.

Cuando se elige en el resplandor, no existe la mirada atrás, siempre es antes la niebla que el plomo que desgarra, la que te narro sabiendo que la niebla es una mistificación, que no existe el paso, sólo un afianzamiento de la posición ante el desgarro, cuando todas las líneas se cruzan, anteojos, orejeras, el grito que nadie escucha ciego y sordo ante su propia detonación, así estallan las burbujas, lo entiendo, soy occidental y desde la razón sé que ya no somos semilla, sólo nos queda morir con las botas enfangadas en nuestra propia mierda, repetirnos, plagiarnos hasta la muerte del pop, cortados con químicos, hasta la sin esencia, alma extirpada, monstruo en formol, pues todo lo hemos acotado, nos hemos parapetado sin nada dentro, sin provisiones sin previsiones, demasiados finales sin camino, líneas rectas blancas, marrones o negras, metas sin aventura, la seguridad de morir frustrado, ya sin escapatoria ni a contrapelo, siempre contra natura, aunque aparcelemos el poco campo que nos queda, señalemos las veredas, marquemos un tiempo preciso y unas coordenadas, demasiados miedos para tan poco espacio natural, pues los caminos acotados se estrechan hacia la única meta,

y no has sido feliz,

pues buscar en el pasado es mentirte, afianzarte de ruinas, caminos que no recorriste, la mentira de occidente, otro disfraz del que recula, expone su culo, en esa metáfora de metas, finales, por donde se escurren nuestros tiempos
...

Quizá descubra un día
que sólo descendiendo sé subir 
y que esa la trampa que me aprisiona
se transmute en virtud...
los abismos son los abismos
...

Algunos somos como el último flaneur, portadores de la última mirada, de esa cepa resistente al virus que se ha comido a occidente, y nuestros versos nacen de esa energía,  la que bebemos en estos tiempos de cianocrilato que pegan alas a lomos de esclavos, sentados en una terraza en mitad del derrumbe, conocedores que, para bien o mal, siempre la puta dualidad occidental, algunos todavía las tenemos aun en formol, y es curro propio e ineludible el sajarse por ver si se pueden despegar y en la misma palabra va implícita la remontada... buscando viento, soltando lastre o esperando una reacción garbancera que ayude al tema... en ello estamos, soplando fragmentos
...

En el resplandor está la elección... y todos hemos elegido... 
la primera mirada nos regresa a Grecia, en donde Angelopoulos ya nos anticipa la última... hemos de resolver la aporía:
Una aporía es un enunciado que expresa o que contiene una inviabilidad de orden racional. Hace referencia a los razonamientos en los cuales surgen contradicciones o paradojas irresolubles (wikipedia dixit).
La aporía es una dificultad para el paso. Una encrucijada en la que se aparece el paradigma, esas ideas que nos insertan y que la gran mayoría jamás cuestionan. El cruce de caminos de nosotros mismos. Ahí es donde hemos de cambiar los modelos impuestos, extirpar (a) los no válidos.
El resultado no ha de ser la muerte en sí misma, esa meta berhaniana en la que todo se acaba... hemos de buscar ser semilla en el derrumbe... crear una nueva teoría... y ésta ya bulle, sólo así cambias los tiempos, y esa es mi elección, en ello está alguna gente, la gente que avanza 
por el quinto o el noveno camino gonzo, 
la gente que busca el verdadero brillo
todo lo demás es un resplandor
que te ciega en mitad de la oscuridad...

 

sólo algunos
corremos hacia el fin de la noche
...





 
uno de esos caminos quizá nos regrese
a la buena literatura
como la que hacen

Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Cocqueugniot

“Madrid-Cochabamba, cartografía del desastre”: la literatura era esto

(entra en este agujerito en la niebla)

 suscribo las palabras de quien hace esa crónica, Javier Vayá Albert
... 

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