Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

jueves, 5 de mayo de 2016

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no sé tú... pero si has podido salir de este país en los últimos años, quizá te hayas dado cuenta de una cosa: aquí, sinceramente, sobra mucha policía... sirenas y sirenas y sirenas... el otro día en puerta de Toledo, siete coches a toda sirena, municipal y nacional... para parar a un vespino de telepizza... quizá tenían hambre... no sé...

pero ni en Portugal, ni en Francia, ni en Italia, ni en Grecia... en donde, por cierto, los curas viven de lujo y no se han quemado iglesias ni la peña pasa tanta hambre como en España... quizá porque existe la solidaridad, que no es esa " huella social" con la que hoy en día intentan venderte determinados productos, otro eslógan que todo lo pudre, especialistas que somos... a lo que voy:

la verdad apenas se escucha entre las sirenas diseñadas para mantenernos en constante alerta, estrés necesario para fundirnos y domeñarnos, entre las imágenes que te colapsan: estacas que conforman el redil de tus miedos... pero la verdad es constante, y es lo único que no cae en el telón egotista y ficiticio, ese que aspira a ser tu cuadro de honores cibersociales... o muro de tus lamentaciones,

la verdad siempre subyace en ese timeline social de esta timo-cracia que repite elecciones y babea ante el espejo,
y,

para intuirla, desentrañarla, observar su reflejo e indagar, hay que intentar detener el tiempo, y si no se puede: observar, somos capaces de ralentizarlo, me digo, hay que tener paciencia, a veces mucho tiempo, intentar hilar una cotidianidad desde el punto de vista del observador, por eso nos quieren deprisa, a toda máquina, produce para consumir deprisa, para que no observemos nada, nada queda, todo pasa deprisa, sólo el borrón del movimiento que es la mentira mediatizada, la que nos tragamos día a día,

y puede pasar que, desgraciadamente, llegue una curva y el tiempo se pare al estazarse y la única realidad sea el destrozo de esa cotidianidad, la interrupción, los sueños rotos, la muerte, la que se excusa siempre... pero de inmediato prosigue la velocidad, no sea que algo se enquiste, aparte de los miedos inculcados... se fija unos instantes en la memoria colectiva, se utiliza, a la espera de los medios de idiotización masiva, para soslayar otros temas, las muertes ya sólo son un número que fagocita el sistema, las vidas rotas caen en el saco de la intrahistoria, serán un número en un evento reciclado en ciertos aniversarios, según convenga a sus cábalas, la mentira como fantasma de una verdad muerta, como virtualidad que se corporeíza, que adquiere entidad real al matar a la Verdad, avanza inexorablemente a confundirse con la niebla... mientras, los que sólo ven negocio piensan en números y hacen dinero legal sin conciencia... es lo que prima,

acabar de extirparse la conciencia con la

huella social

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pena, mucha pena... demasiada pena... civilización septicémica cuyas células no se rebelan pues forman parte de la infección.
 
Pienso, sinceramente, que este país nuestro forma parte de un experimento (lo cual ya es evidente, al repetir la fórmula en Francia, tantas noticias que nos llegan allende los Pirineos, de todo tipo de prensa, tb esa que va, dicen, a la contra). Experimento que, desgraciadamente, al ver la cantidad de cabestros que pululan, les ha salido de puta madre.

O eso es lo que piensan.

Vamos a jodérselo, pues


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