Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

martes, 18 de febrero de 2014

Gente simpática/Esteban Gutiérrez Gómez. (apuntes después de comer un cocido con Bacø)

"Los escritores vemos el mundo de manera diferente y en pequeños detalles está encerrada la semilla de un buen relato o historias que forman parte de una novela."
Bacø


Siempre es un placer estar con Esteban Gutiérrez Gómez. Y utilizo el verbo "estar" porque disfruto con su palabra, ya sea hablada o escrita. En este caso mi placer fue doble, pues departí con él y me dedicó su último libro, mientras nos metíamos un acojonante cocido en un sitio que me sorprendió, pues quizá algunos huimos de ciertas zonas de madrid, olvidando que en ellas es donde se cuece la vida de los pocos que consiguen currar hoy en día, y que debajo de ministrillos, banqueros y bazofias por el estilo, el que no tienen, bulle la vida cotidiana de gente que intenta aguantar el temporal... muchos de ellos, sí, poniéndose un último disfraz, otro más, y acabando de disociarse, rebañando con un buril los restos de conciencia que se adhieren a las estrías de un alma arrancada de cuajo,

... tengo que escribir sobre Lisboa, pienso mientras un trozo de carne se atasca en mi garganta, como las palabras que hace tiempo encallecen, tengo que hablar sobre Lisboa, y sólo un trago de vino consigue desatascar, dejo el vaso vacío, respiro mientras Esteban lucha por mantener en equilibrio a un garbanzo, no quiere el destino de la cuchara y de la boca agradecida, se deja caer en el vacío, así tenemos que ser, así somos, luchando en el vacío,


pero queda otra gente, la auténtica gente, la que ha empezado a caminar pero se encuentra perdida, sin referentes, pues nadie enseña que si no encontramos dentro el referente que nos haga avanzar, éste no existe fuera. Pero es necesario que, mientras encuentran su camino, puedan vislumbrar el ajeno a los impuestos, el único sendero, el que han de hollar por sí mismos. Por ello, es necesario que cierta gente siga luchando, y Esteban es uno de los pocos. 
Miro a mi alrededor: la gente come en silencio, no disimulan su cara de derrota, es lo socialmente aceptado hoy en día: la derrota, pero no la que hace camino, o sí, camino de caída a la sumisión, es el hilo que une sus miradas: sumisión al poder - el de sus miedos que son el menú cotidiano que engorda a unos pocos-  y odio a lo que todavía bulle. Siento en sus miradas el juicio que busca etiquetar que es lo mismo que una sentencia, los he visto en el metro, algo en mí no quería ir a ese centro de negocios que es la castellana, allí donde la energía se atasca y sólo hay malas vibraciones, como esa alcantarilla que se ahoga y erupta burbujas que hieden, quizá por eso me perdí en el metro y llegé tarde, siempre "me pierdo" en el camino y siempre, como relata Esteban en el libro, llego tarde. Considero que el camino es lo único importante en esta vida, y sólo depende de cada uno de nosotros, por eso no puedo juzgarles a mi vez,

tengo que hablar de Lisboa, sólo el viaje disimula el vacío a la vez que llena otra página de la vida, en sí es eso: avanzar aun cuando los que te juzgan sentencien que tus renglones son los torcidos, no puedo dejar de pensar que la lucha va a ser en Portugal, si queremos defendernos de nosotros mismos, si todavía creemos en que Occidente, aun agonizante, tiene algo digno y no son esos que nos venden al mejor postor. Allí todavía no ha llegado la metástasis, la interna, la que es un eufemismo más en el vacío, donde quieren que nos pudramos sin llegar a intuir que somos semilla, la que crece entre el estiércol que deja el paso de los psicópatas y de quienes a ellos se venden, tengo que escribir sobre la tierra que nos purifica, allí donde intuimos que todavía hay vida pese al rodillo que la apisona, algo me dice que si las guedejas de la Razón Helena penden de manos ajenas, manos de sangre y oscuridad, así son los colores de la bandera que ondea el que odia a quien ve el sol, sin cuerpo ya que sustente la sinrazón de los tiempos que permitimos, algo me dice que el único reducto del alma de Occidente está en Portugal... más allá sólo queda el destierro de la mar...

así que dejo que salga el Bufa, tiene su momento, es el que en mí bulle de vida, y dialogue con Bacø, ese que sé que también bulle de vida en Esteban y que es en sí quien firma el libro que os presento.
B&B tienen una gran virtud pues su mirada es empática y es mirada que surge desde los adentros. Mirada que contrasta con la grisura que nos rodea y que busca otras miradas que también bullen, como la del dueño de la taberna y de su hijo, un oasis en mitad de la castellana, un menú que hace olvidar el día de lluvia y ese eufemismo ciclogenético que arranca las conciencias.
BB b-e-b-en el vino a granel de la casa y se pierden con lo poco que refulge. Son buscadores de reflejos, y como tales, se pueden perder en pos de un brillo. Así me ha pasado durante muchos años.
Considero que es bueno reconocerse en múltiples personalidades, no acallar ninguna, saber que todas nos conforman y nos equilibran si les damos su tiempo, su territorio... sin dejar que ninguna, se aprende con el tiempo y mucho esfuerzo, domine sobre las demás e instaure una dictadura que sólo nos lleva a la disociación.
El camino que ofrece la sociedad es el de capar paulatinamente todo aquello que de nosotros creemos, casi siempre por injerencias externas (qué opinan los otros), que no es correcto según el viento social de turno. Y, por supuesto, sólo a través del consumismo desaforado, del encefalograma plano que nos ha de llevar a pedir lobotomías varias, nanotecnologías que sólo imaginó uno al que llamaron loco y que soñó con ovejas androides, lo que somos, no te engañes, vacíos de mente, bots andantes, zombies que sólo ansían llenarse con nuevas apps, el tiempo del hombre muerto, las que nos van a injertar, hoy presentan en internet las gafitas de diosgoogle, si ya caminamos sin ver nada, sin querer ver nada, al contrario que Esteban, gran especialista en los pequeños detalles, por eso es uno de los grandes de la literatura. Ya lo he dicho: el día que le conocí en el CCAN que tan bien relata en el libro, estaba yo apoyado en la barra, escaneando entre el humo de maría, subsumiendo todo lo que podía con mi visión, hasta que nuestras miradas se cruzaron como dos faros... estábamos a lo mismo, él sentado en un lateral y yo desde la barra... en ese preciso instante de cruce me dije: este tío es bueno... el tiempo me ha hecho añadir un complemento necesario: este tío es muy bueno... y así, una vez más, lo demuestra con este libro que no os deberíais perder.

tengo que escribir sobre Lisboa, hacía cinco años que no iba a limpiar mis ojos entre sus calles, a captar la energía de ese Tajo que nada tiene que envidiar al Misisipi, Lisboa y Nueva Orleans, tan distantes, tan cercanas, tan iguales, Blues y Saudade, últimos refugios del alma en dos titanes con pies de barro, tan agonizantes... tengo que hablar de Lisboa, de sus calles vacías, de las miradas que creen en un milagro que se ha de dar sólo allí, el último reducto de la lucha obrera, pues la clase no se compra con dinero, ni la elegancia, la empatía, sólo allí queda alma y cojones, con estilo, aún en la miseria impuesta, desdeñando el avance de los hijos del neoliberalismo, los que arruinan los comercios de toda la vida y los reabren con la etiqueta "vintage", tan afín a los ambiguos retoños de los dirigentes, los que crecieron en urbanizaciones de lujo pero distantes, exterminando la vida de los barrios y ofreciendo un decorado aséptico, sin ensuciarse las manos, como ocurre en Madrid... Tengo que hablar de Lisboa, de cómo hace cinco años conocí a un representante de un laboratorio farmaceútico y cuando le dije que era español se descojonó para sus adentros, o no, cuando me dijo que venía de España y marchaba para Brasil desde Lisboa, que el mejor negocio siempre lo hacía en España vendiendo antidepresivos... hace cinco años y seguimos igual, los que más pastillas consumen, los que más farlopa consumen: los españoles... los que hacemos de nuestra vida una sucesión de sumisiones, una ristra de puntos suspensivos que nos tragamos por ley...

Esteban nos presenta algo que es mucho más que un libro. Nace como un diario de las presentaciones de otro libro en el que él participa, junto a Patxi Irurzun y que también es historia de la literatura y del rock en este país:  Simpatía por el relato (cuentos escritos por rockeros). 

Pero va más allá a nivel personal y grupal. Es un manifiesto de una generación de artistas que ya está haciendo historia y que será referente, si esto avanza hacia alguna parte y no nos quedamos estancados en este cruce de caminos. Y no hablo de la sociedad, ella es un simple reflejo de lo que hagamos individualmente. De nosotros pende. Y, a su vez, es un firme propósito del autor por encontrar un equilibrio interno que le haga avanzar al saldar cuentas consigo mismo.


Queda poco sexo real por muchas viagras que consuma un machito hispánico que no encuentra su sitio en ningún agujero porque ya no se ve la polla de tanto decorar su ombligo. Pito pito gorgorito. El rock regresa allí de donde nunca debió salir aunque ha perdido todo su aura de rebeldía y los que lo satanizaban lo ponen en su parrilla al lado de radio maría-ishtar en el dial. Una de las maneras que utiliza el poder para neutralizar algo es mercantilizarlo y patrocinarlo... volverán los juegos florales con sello de ayuntamiento, los traen las muy oscuras golondrinas. Las drogas... Cuando una oveja se salía del redil la seguían a ver que hacía y por qué aparentaba ser feliz o haber encontrado algo. Resulta que descubrieron que comía una hierba de la montaña que tenía cierto poder alucinógeno. La clonaron y la pusieron en el forraje transgénico que nos endiñan. Resultado: todos drogados ya sea de pastillas puntos suspensivos o de mariguana trans que ya están legalizando (hace unos años a quienes decían que una de las cosas que iban a hacer los gobiernos para neutralizar a las masas hambrientas en una crisis era precisamente eso: legalizar la maría... y les tachaban de conspiranoicos). Hoy en día, tal y como está el asunto, si deseas ir a contracorriente, opino que has de dejar de meterte sus drogas, a no ser que seas camello y vivas de los camelos que quieren ir de vintage de marca... ya no aportan conocimiento de uno mismo, sólo control y adocenamiento... Ponerse y ponerse... ni para follar ni para pergeñar revoluciones en las volutas. Soñar con un camino iniciático. Lo interesante era el aventurarse fuera del redil en busca de la planta iniciática, pero si no existía un previo camino interno no servía de nada... y hoy, como la comida basura que te traen a domicilio, no sirve de nada.
Ya no es válido el lema de sexo, drogas y rokanrol. Y así debe ser. Es necesario que salga de los salones y retome la carretera hacia ningún sitio. No se trata de interpretar magistralmente una partitura. Se trata de que algo fluya desde los adentros. Precisamente lo que la sociedad capa. Lo que nosotros mismos nos sajamos: el alma, el soplo de vida, la sensación de ir a ningún sitio pues eso es la vida: el camino.

El libro nos narra las sensaciones del autor que retoma la carretera, la de asfalto y la de sí mismo. Es decir, vuelve a los orígenes y se reencuentra con esa parte de sí a la que, pasado el tiempo, reconoce como la que era y es la que le insufla la vida y le retorna al ser espontáneo que una vez fue. Pacta consigo mismo y firma el libro con dos nombres que son uno: él mismo. Con ganas de vivir y comerse la carretera. De liarla.
 
... cuando estoy en Portugal regreso a mi infancia, con todo aquello que una vez y sin saber cómo perdí. Tanto correr para llegar a ningún sitio sin disfrutar del camino, eso es España. Nos creímos libres sin serlo, sin dejarnos ser libres. Nunca, como pueblo, hemos creído en nosotros. Lo único que hemos hecho ha sido bailar el agua de los que creíamos adelantados, superiores. Hemos sido muy mediocres desde que extirpamos nuestra esencia. Todo lo que viene de fuera es lo correcto. Necesitamos recuperar en nosotros esa estirpe que desapareció con Durruti. La esencia de los grandes hombres que una vez nacieron en esta tierra. A partir de él, la gran mayoría de los españoles somos unos acomplejados, no nos reconocemos en el espejo. Con las pastillas llega el juego, virtualizado o no. Somos el peor reflejo de un mundo maravilloso de los colores desvaídos de otros. Así nos pinta. No tenemos nada dentro. No somos auténticos. La lucha ha de ser individual. Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino, eso decía Jung. Así lo veo todos los días en las caras en donde me reflejo, pues yo soy el primero al que le atan los miedos, que no se deja fluir.

Y lo hace con la maestría de un gran narrador y la experiencia que dan los kilómetros: se para lo justo en cada sitio para captar lo imprescindible de cada uno y degustar el momento. Pues todo es una sucesión de momentos. Instantes de luces y sombras que se engarzan con los recuerdos personales. Así, poco a poco, el autor se reconstruye por dentro y empieza a fluir como antaño. Salda cuentas consigo mismo mientras nos presenta a una serie de personajes reales, que describe con mimo y admiración...  es consciente de que está haciendo historia.

Nos hemos acostumbrado a estar quietos, encerrados en nuestro muro. Tengo que regresar a Lisboa. Aquí tenemos miedo al cambio. A dar un paso, dejarnos ir. Hace demasiado tiempo que no nos sorprendemos a nosotros mismos, que no innovamos. Somos el caldo de cultivo ideal para los experimentos de los psicópatas. Creemos que somos los que más sufrimos. Y en ese supuesto dolor nos adobamos. Hablamos de revoluciones que hagan otros. Lo queremos todo y ya. Pero el cambio es lento y ha de partir de nosotros. Mientras estemos quietos, atontados con pastillas y drogas sociales, escuchando el rock que surge del campanario, cascándonos pajas en solitario o utilizando otros cuerpos, sin saber follar... sin conocer lo que es compartir y ser empáticos al recorrer un camino...

Esteban ejerce el libre albedrío, llega  a la conclusión de que no se puede hacer nada si uno no crece, se reconoce, asimila e integra consigo mismo... La elección es nuestra.

"Siento la velocidad nada más salir de Zaragoza y vuelve el amodorramiento. Cierro los ojos y me llevo la mano al pecho: Acaricio la guitarra de acero. Está caliente, viva. Sonrío mientras un vacío llena mi mente. Me da la sensación de que Bacø ha regresado para quedarse"
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Gente simpática (The Sympathy Tour)
Esteban Gutiérrez Gómez (Bacø)
Prólogo y epílogo: Patxi Irurzun
Colección Zigurat, 2013 Ateneo Obrero de Gijón
216 páginas / 33 fotografías / I.S.B.N.: 978-84-87958-88-5 / 11,30 €

Bacøvicius

Banda sonora: Menos mal que nos queda Portugal, de Siniestro Total

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muy bueno el orujo, Esteban. Gracias
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