Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

lunes, 15 de julio de 2013

La Niebla cumple... con sus seguidores

me sorprendió tener seguidores, sí... aunque sólo fuese porque no había configurado esa opción que te da esta plataforma para ello. Eso significaba que alguien se tomó la molestia de hacerlo sin tener las herramientas para ello a la vista. Más tarde configuré esa herramienta y el número de seguidores creció, también sin buscarlo... los justos, los que deben estar... orgulloso de ellos. Eso me llegó al alma y es algo que tengo que agradecer. Por ello voy a sortear en septiembre, a aquellos que se han perdido siguiendo esta niebla hasta el día de hoy, cuatro libros:

LOSER, de David González 


 


El Poema

La anciana hablaba con su marido
con una voz lo suficiente

mente

clara

como para que yo,

que había llegado antes para ocuparme del micrófono,

pudiese entender, con absoluta claridad,

lo que le decía.


Lo que le decía delante de la fosa común número tres

del cementerio de Ceares, en Gijón, Asturias.


Lo que le preguntaba:


¿Pero por qué a ti, cariño?


¿Por qué tuvieron que hacerte eso, mi amor?


Con lo bueno que tú fuiste siempre,
¿por qué tuvieron que asesinarte de esa forma?


¿Por qué, mi vida, por qué?


Aquella mujer, de Santander, hablaba con su compañero

como si este aún se encontrase con ella entre los vivos

y no allí,

en la fosa común número tres,

solidario con los restos de sus camaradas republicanos.


¿Pero por qué a ti, corazón?


¿Por qué tuvo que pasarte esto, mi cielo?


¿Por qué tuvieron que asesinarte de esa manera
si tú nunca le hiciste mal a nadie?


¿Por qué, vida mía, por qué?

Por eso precisamente, señora. Porque no le hizo mal a nadie.

Por eso se lo bajaron. Porque era bueno. Y ellos,


ellos no.


Sin embargo, en vez de acercarme y decírselo,

eché un candado a mis labios y me alejé de la guerra.


A eso del mediodía, se celebraba un acto conmemorativo

del setenta y seis aniversario de la II República y yo tenía que leer

un poema.



David González.
LOSER. Bartleby Editores, Madrid, mayo 2009.



Videomontaje de José Ángel Barrueco sobre "LOSER" (Bartleby Editores, 2009), poemario de David González. Contiene las ilustraciones que aparecen en el libro. Canción: "Invisible", del grupo Mendel

...

 EL MERODEADOR, Vicente Muñoz Álvarez


 El hombre es un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.
Miguel de Unamuno

Los gatos

Me desperté a las 7:30 A.M., desayuné en la cocina leyendo el periódico, cogí la bolsa de la basura y salí de casa a pasear con los perros.
Al acercarme al contenedor, junto a la iglesia, y levantar la tapa para arrojar la basura, los escuché: allí estaban, al fondo, en una bolsa cerrada de plástico, maullando desesperadamente y moviéndose en su interior.
Debía haber al menos cuatro.
Cerré la tapa espantado.
Durante el paseo con los perros pensé en lo que hacer, si sacarlos de allí, del contenedor, de la bolsa, si llevarlos a casa, si matarlos yo mismo...
Cualquier cosa antes que dejarlos morir de aquella manera.
Pero no tuve valor para hacerlo.
Se lo dije a mi mujer al volver a casa, pero ella insistió en dejarlos allí.
No debemos tocarlos, dijo, no son nuestros, no podemos criarlos y matarlos sería también otra crueldad.
Intenté olvidarme de ellos.
Pasó el día, un día de verano caluroso y ardiente, asfixiante, comí y dormí la siesta, trabajé un rato en mi despacho y al salir otra vez con los perros y pasar junto al contenedor, los volví a escuchar.
Su maullido angustiado y profundo.
Pasé de largo e intenté, de nuevo, olvidarme de ellos.
Pero a la mañana siguiente, al ir otra vez a arrojar la basura, volví a escucharlos al fondo del contenedor, sepultados ya entre otras bolsas, y sentí estremecimiento y rabia.
No debían haberlos dejado allí. Debían haberlos matado al nacer, pero no debían haberlos dejado allí, en el contenedor, cociéndose al sol lentamente, soportando entre los desechos aquella agonía.
Los volví a escuchar, cada vez más débiles, por la noche y a la mañana siguiente, ya casi repleto el contenedor de bolsas.
Llevaban dentro tres días.
Por la tarde, sobre las nueve, cuando en el horizonte el sol comenzaba a extinguirse, apareció por fin el camión de la basura y volcó en su interior la carga del contenedor.
Sólo entonces pude respirar tranquilo.
No volveré a escucharlos, pensé.
Pero me equivocaba.
Siguen ahí.
Aún los sigo oyendo... moviéndose, agonizando, maullando...
Siguen ahí dentro encerrados... asfixiándose... y no logro sacármelos de la cabeza...
Miau...miau...miau...





El Merodeador de Vicente Muñoz Álvarez... ilustraciones de Toño Benavides en una edición de Baile del Sol
 ...

AMPLIA VICTORIA DE LOS TRASEROS, Jorge M. Molinero 




AQUÍ, PARECE

Aquí, parece, se bifurca nuestro camino.
Nos reencontraremos en la última curva
antes del infierno, esquina con la catedral.
Yo, con mi mochila llena de errores.
Tú, con los bolsillos colmados de adioses.
Esconderé entre las uñas romas por el descalabro
un puñadito de inviernos para soportar mejor
el calor subsahariano del averno.

No olvides conservar una moneda
para pagar al barquero. Antes o después
todos hemos de reembolsar la jauría de daños
dejados a nuestro alrededor

... 
EL CORAZÓN DEL ÁNGEL


Prepara una tortilla
de dos almas para cenar.
El sortilegio, a punto, espera
en la cama anegada de adioses.
Reina de la magia negra,
me cabalga ensangrentada
desmenuzando mi corazón
con la furia latente del condenado
a muerte.
Sexual hasta límites macabros,
me toma con la boca llena de sacrificios
como Lisa Bonet en un rito satánico.
El conjuro inquebrantable
y precioso de sus manos ilusionistas
convierte una noche de lunes vulgar
en la última noche en la tierra.
 
Jorge M. Molinero  de su poemario Amplia Victoria de los Traseros

Ilustrado por Óscar R. Cardeñosa

...

mi Padre, el rey/ Gsús Bonilla




 59.

los perros aplauden
cuando la pantomima
fascina
a los espectadores de todo el mundo 

34.

ocurre
que se escapan los segundos,

y se escurre
en el momento posterior
una lágrima de condena,

de somera cobardía,

y algún que otro hielo
derritiéndose con pena,

ocurre que no soy yo cuando quisiera,
que me cambio de acera
y lo siento

25.

los pies en el suelo me devuelven
al frío normal de la sugestión;

a la deriva, caminas dejado
como un resto de esta vida
que te traza a otro lugar, a otra orilla, a otro puerto,

sin embargo
mi miedo es perder tantos poemas por escribirte

22.

nadie lo sabe,
pero dejó los bártulos a la vista
porque no tenía nada que esconder

Gsús Bonilla, mi Padre, el rey
Ediciones la Baragaña

...

 un placer teneros en casa

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