Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

martes, 5 de junio de 2012

La Niebla cumple con Pepe Pereza/El funeral

El funeral


El autobús llegó al pueblo a primera hora de la mañana. Llovía a cántaros y las calles estaban medio inundadas. Yo estaba tan abatido que apenas tuve fuerzas para arrastrarme hasta la parada de taxis que había junto a la estación.

Indiqué mi destino al taxista y me recosté en el asiento trasero. Al poco llegamos a la funeraria. Allí no conocía a nadie y nadie me conocía a mí. Pregunté por los padres de la fallecida. Me señalaron a una señora regordeta que lloraba al final de la sala. Fui a presentarme. Después de saber quién era yo la señora me estrechó fuertemente entre sus brazos. Tuve la sensación de hundirme en las fláccidas carnes de aquella extraña que me estrujaba con un ímpetu exagerado. Por fin, me soltó y pude respirar.

- Ven que te presente a mi marido.

La seguí hasta un rincón donde estaba un hombre que fumaba ausente.

- Mira a quién traigo. Es novio de nuestra pequeña…

Sus ojos se llenaron de lágrimas y no pudo continuar con la frase. Su llanto nos contagió y los tres estuvimos llorando durante unos momentos sin decirnos nada. Por otro lado no había nada que decir, el dolor estaba presente en nuestras caras y se manifestaba sin necesidad de palabras. Algunos asistentes pasaron a nuestro lado y nos dieron el pésame. Yo no terminaba de asumir que el amor de mi vida se hubiese matado en un estúpido accidente de tráfico. Fui a sentarme a un rincón. Necesitaba aislarme. Todo era tan raro, tan irreal, rodeado de todos aquellos desconocidos. De vez en cuando, alguien que se había informado sobre mi identidad se me arrimaba y con voz compungida me decía: "Mi más sentido pésame", a lo cual yo no sabía qué responder.

A media mañana se me acercó un joven de mi misma edad.

- ¿Fumas porros?  
- ¿Qué?
- ¿Te apetece uno?

Antes de nada quise saber quién era.

- ¿Tú quién eres?
- Tranquilo soy de la familia.

Una vez más no supe qué decir.

- ¿Te apetece o no?
- Sí. Me apetece.
- Pues sígueme.

El familiar se llamaba Mariano. Montamos en su coche y salimos del pueblo. Mariano condujo por una carretera secundaria. Seguía lloviendo a mares. Las cunetas de ambos lados de la calzada estaban anegadas y los limpia-parabrisas no daban abasto con el aguacero. Al cabo de unos pocos kilómetros encontramos un pequeño promontorio y aparcamos. Desde allí se podía ver toda la dehesa con los prados verdes y las encinas rodeadas de grandes charcas y regatos. Nos fumamos el porro casi sin hablar, eludiendo todo lo que habíamos dejado en la funeraria, de lo poco que hablamos fue del tiempo. El porro me permitió calmarme, dándome el respiro que necesitaba. Me notaba tan vacío que el humo en mis pulmones me aportó cierta consistencia.

Regresamos. Cuando llegamos a la funeraria el padre de la fallecida salió a recibirnos.

- ¿Dónde os habéis metido?  
- Me lo he llevado a tomar un café – se apresuró a decir Mariano.
- Daos prisa, que hay que meter el ataúd en el coche.

Cargamos el féretro en el coche fúnebre y seguidos de la comitiva partimos hacia la iglesia. A las puertas del templo me informaron que yo sería unos de los cuatro que iban a cargar con el ataúd, y así lo hice. Me tocó la cabecera. A mi izquierda iba Mariano, detrás de nosotros iba el padre de la fallecida y un tipo que no me habían presentado. La gente se apelotonaba delante de la iglesia dejando una estrecha travesía para cedernos paso. Dentro de la iglesia tomamos el pasillo central hasta llegar a los pies del púlpito, dejamos el féretro sobre un catafalco y nos colocamos en los primeros bancos para recibir otra vez el pésame de los asistentes. Después empezó la ceremonia. Cuando el sacerdote dijo el nombre de la fallecida me quedé pálido. Mi novia no se llamaba así. Confundido pregunté a los presentes. Sus respuestas no me tranquilizaron, todo lo contrario. Me había confundido de funeral. No me paré a dar explicaciones. Me apresuré a salir de la iglesia dejando a todos con la boca abierta.

Corrí hacia la funeraria. El velatorio que yo buscaba se estaría celebrando en la sala contigua a la que en un principio me había presentado. Me sentí estúpido y torpe.

Al cabo de unos minutos de corretear por calles me di cuenta de que me había perdido. Gracias al chaparrón no había nadie para preguntar. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Me senté en un banco y allí me quedé, derrotado bajo la lluvia.

Pepe Pereza, Relatos del humo (y hachís). Editorial Origami 2012.

Prólogo: David González
Fotografía cubierta:
Capear
Figura Origami: Óscar Cardeñosa
Correctoras: Adriana Bañares Camacho & MJ Romero
Editorial: Origami

http://www.editorialorigami.com/tienda/index.php?route=product/product&product_id=58


Tenía ganas de conocer a Pepe Pereza. La cosa se iba dilatando en el tiempo. Necesitaba salir de la virtualidad del abrazo escrito y, como en un pop up, dárselo en persona. Llevábamos unos años cruzando palabras pero no acabábamos de coincidir. Sabía que en la presentación de la editorial Origami el pasado 22 de marzo en Madrid podríamos, por fin, coincidir. Así fue.

El primero que me habló de él, siempre atento a lo que bulle en el atanor de la creatividad, fue Vicente Muñoz Álvarez. Casi de inmediato nos pusimos en contacto y Pepe se hizo habitual en la Niebla pues, desde sus primeras líneas, supe que estaba ante uno de los grandes. Lo bueno del asunto es que, pasando el tiempo, no me equivoqué en nada. Y lo cojonudo es que acompaña esa grandeza creativa con la de su persona, con su vida: para mí tan importante como la obra: volcada en la creatividad y en la interacción, haciendo de su bitácora un ágora imprescindible para que, en un futuro si queda, alguien pueda indagar para conocer de primera mano qué es lo que realmente se cuece en la literatura de esta época en la que pringamos. 

Si nos llegase la obra de Pepe Pereza con una etiqueta foránea, los mismos intelectualoides que intentan asolarnos a los que hemos nacido literariamente de los fanzines: los que "matan la literatura" según los críticos que boquean en la prensa escrita y caciquil de estos predios embargados, le reverenciarían... Aunque, sinceramente, pensando en esto último... puaj... que les den. Hemos de trascenderlos, emigrar aunque sea de palabra, crecer para asombrarles y que mueran chupándose sus endogámicas raíces, agotados en sus círculos concéntricos de lefa revenida: que les den.


Lo comentaba el otro día con Esteban Gutiérrez Gómez... hay gente que lleva la literatura dentro y tarde o temprano le ha de salir por todos los meatos de su cuerpo. Pepe Pereza es uno de ellos. En estos tiempos que corren en donde sólo se buscan finales, es cuando más necesaria se hace una voz de largo recorrido vital y sí, también estilístico. Estamos ya un poco hartos de estéticas vacías, de pentagramas aprendidos de memoria, de vidas no recorridas, no vividas, que no aportan nada, ninguna variación a la monotonía de los avatares. Considero que todo artista que se ha curtido por dentro primero le llega el momento en el que ha de eclosionar, estallar, expanderse y dejarnos absortos... sí, absortos... pues creo que Pepe Pereza, algunos sabemos de su árduo trabajo en silencio, ha conseguido con este su primer libro en papel lo que muy pocos consiguen con toda una carrera... que al cerrarlo te digas: ¡Qué cabrón! y te quedes en silencio, admirando las volutas de humo si fumas, recordando todos los libros que te empujaron a recorrer los caminos solitarios de la escritura... Éste, es uno de ellos. De los que te hacen amar tu verdadera vida.

No lo dudes. Te vas a encontrar a un escritor que ya es un referente... quieran verlo o no.
Pero no sólo en las artes escritas. Pues Pepe Pereza es actor con una dilatada carrera en las artes escénicas, y considero que la trayectoria vital es clave para un escritor. 


Sólo te aseguro una cosa: vas a disfrutar leyendo a Pepe. Es uno de esos libros que dispara imagenes con tanta precisión que hace que tus neuronas se revolucionen... y tan sólo se rindan cuando lo cierras... y ondeen una bandera blanca para cedérsela al autor para que siga escribiendo sobre ella... y que no pare.


Esteban Gutiérrez Gómez o Gsús Bonilla lo dicen mejor que yo. Entra en los agujeritos en la Niebla.

Sé que te apetece leer este libro. La editorial Origami, que está haciendo un encomiable trabajo, te lo pone a un precio acojonante... pero si no puedes comprarlo, Pepe Pereza ha cedido un ejemplar, dedicado a los lectores de la Niebla cumple, para que puedas acceder a su sorteo si respondes a ésta pregunta:

¿Cómo se titula la película que protagonizó Pepe Pereza? 


no es una pregunta difícil, te animo a resolverla preguntando un poco al oráculo diosgoogle o similoide.

Una maravilla, tú... que deberías comprar si puedes... si no lo puedes hacer, envíame un correo a xenvinalia@yahoo.es o deja un comentario en esta entrada -que sólo yo leeré- con la respuesta y una dirección de correo en donde me pueda poner en contacto contigo... y el encabezado: Sorteo Pepe Pereza o similar.

Recuerdo que pese a... y pesa mucho... que me jode, vamos... que no puedo enviar libros fuera de esta piel de toro castrado madeinchina y con la marca merkel a fuego en donde vivo y sufro la dictadura neomierda de un bipartidismo de mangantes... por ser suave
...

ya sabes
...


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