Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

martes, 3 de agosto de 2010

ADAGIO 331/Luis Miguel Rabanal

 

El afilador picaba
a las ventanas del buen tiempo
y se cubría el rostro
con saúcos.
Pasó la edad de despertar
sin ropa y sin nadie al lado
que querer. Hoy
el quejumbroso, el inservible,
abraza a la deriva
a quien lo abraza,
se sumerge en su mundo
imperfecto
y vive de su paciencia
que es ventajosa
y amargamente aturde.
Todo lo demás
se llama de otra forma
cruel.  

extraído de su blogín: Más palabras para olvidar (agujerito, cómo no, en esta niebla)
...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias mil, hermano. Blogín, blogín.

L.M.

xen dijo...

¡ups! abrazo
...

percepcionesindebidas dijo...

a mí me apetece algo tuyo, la verdad

Caín dijo...

"No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana"
Juan Carlos Mestre

Luz de un quinquet
9 pintas, 29 latidos, Gillespie,
madrugada, ganas de hablar.
La generación del 77 íbamos a cambiar el mundo en el fututo
pero los electrodomésticos siguen funcionando en el 2007,
como siempre…
Me pregunto:
Por qué un intermitente puede llevarme a la lágrima, de vasta emoción, por qué siento que me responde, cuando se ilumina su automática luz naranja, y que no estoy solo, que somos dos, objetos comunicándose, que la máquina pretende mi atención, sabiendo antes de que se ilumine sin embargo apenas un segundo antes que así será…
No lo entiendo:
Por qué ladra el borracho a los coches que pasan a su lado.
Es de noche.
Hace frío.
Mientras, la gente ahí afuera insiste, empujando sus pesadas rocas, hacia la pirámide.
En las paredes de mi casa se pudre la luz de ayer por la mañana.
Y yo sigo de pie junto a la ventana, sin tomar ninguna decisión.
Podría quedarme a vivir dentro de esta canción.
A night in Tunisia.
Pienso que:
La oportunidad debe ir acompañada de destreza…
Todos los muebles de casa me observan con rostro de preocupación.
No quiero pensar,
para no atraer su atención, con el ruido de mi cabeza.
Un automóvil ha atropellado al borracho, se apagó el ruido y la furia.
Está muerto, pero no siento lástima.
Tampoco sé qué significa eso realmente, si es salvaje, inhumano o inmoral,
pero es cierto.
Y mientras, la gente ahí afuera no deja de insistir, empujando sus rocas.
Me pregunto:
Debe haber algún motivo por el que todo haya adquirido esta forma,
esta forma de costumbre, en que amanece como una herida sin importancia.
Ya no recuerdo qué clase de paciencia me trajo a este lugar...