Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

lunes, 31 de mayo de 2010

Transeúntes del olvido/Velpister, epílogo por Alfonso Xen Rabanal



El pacto entre las luces*


Alguna vez lo vi, sí, Peter, allá a lo lejos, aunque más tarde supe que estaba cerca, muy cerca... Era una luz que aparecía y desaparecía según las olas te tragaban o te escupían... Alguna vez, sí, un faro a lo lejos en la deriva, perdido hasta de mí mismo... Aunque no sabía si quería llegar hasta él.

No creo en las casualidades, no existen las casualidades, y no es casual que un titular en el que los de siempre nos insultan con prepotencia me haga pensar en Velpister... Leo que los bancos han ganado quince mil millones en el peor, eso dicen, año de la crisis... Y pienso en un artista que lucha, que lleva luchando toda la vida como un auténtico luchador: primero contra uno mismo en una sociedad que te castra y te arrastra en la miseria, y ahora, conociéndose, ya está preparado para arrostrar al contrario y tumbarlo, pues ha salido victorioso de la lucha más importante, esa en la que pocos, muy pocos, han tenido los arrestos suficientes para afrontar... Y pienso que este primer poemario de Peter es eso: una crónica de una deriva en la que, aun sin pretenderlo, y muchas veces alejándose de los vientos, la resaca le ha llevado a él mismo, pese a esa prepotencia de los que dicen tener razón y sus acólitos adocenados, los que trazan un estilo de vida que intenta capar al que busca tener una voz propia,

lo que más añoro es un simple abrazo

ser él mismo, luchando contra la sensación del fracaso que recorre la vida de un artista... La sensación de fracaso que te inculcan primero los que más cerca tienes, los que sólo te queman y estropean... La sensación de fracaso que te ha de hacer renegar de todo, tan sólo para intentar escuchar un grito ahogado, ese que siempre ha sido reprimido, ese en el que intuyes que lo único que queda después de la demolición, y que surge de lo más profunfo, entre el polvo y las lascas del derrumbe: eres tú... Ese, el grito... el que ya se aleja de las entrañas que lo ampararon pudriéndose, que es como una variación, una fuga en este caso a varias voces pues varias son las facetas artísticas que tiene de expresarlo, grito que el artista intuye en otras fugas, en otras vidas, en un movimiento de Bach, metiéndose en la piel de Van Gogh, un Blues, donde todo son variaciones, donde se improvisa inventando en esas notas que surgen la deriva, que desconocen hacia dónde van, aunque no importe, pues es ese el momento, quizá el único momento en el que te sientes libre, que eres plenamente tú, en el que te desgajas de toda la mierda seca que impide tu avance, la que se desprende justo antes de darte la hostia al regresar al pentagrama... el que ordena las notas... aunque en ese momento  creas saber que jamás serás feliz... pero esa sonrisa, ese brillo especial en los ojos es lo único que nos llevamos, los recuerdos... la libertad del creador, la tuya, Peter, la que nos recuerdas... la deriva... de tugurio en tugurio, el pacto de dos manos sordas entre las luces, en las sombras, las de de uno mismo, el silencio entre las notas, la deriva de los locos entre sus luces artificiales y nuestras sombras verdaderas,


¿dónde está la línea del horizonte?


¿Somos bestias domeñables que han de pasar por el aro?



No, ya tenemos bastante con nuestras luchas internas... los únicos reductos de la conciencia... Por eso, pese a las pesadillas que sabemos que no calma esta sociedad, existe quien libremente ha decidido no seguir las líneas punteadas, los trazos predefinidos, como en los infantiles cuadernos de vacaciones, que te da esta sociedad... y, aunque te conviertas en un albañil absurdo, eres el auténtico creador, en un mundo lineal en el que los que sueñan lo hacen admirando a Van Gogh, a Gaudí, precisamente por eso, porque quizá fueron albañiles absurdos, que entraron en los laberintos de sí mismos, ajenos a las vidas de decorado y velocidad para engañar el engaño de aquellos que ya están inefablemente muertos, y mira que parecían que valían tanto, tú... Mira que hablaban...


Nadie está exento de la culpa, ni tan siquiera de esa culpa que te endilgan los que nunca apostaron por sí mismos, que en sí son los que eternizan un sistema de castrados... Nadie está exento de los contrapuntos dolorosos, aunque necesarios, que son las traiciones, los miedos que te hacen escorar en la deriva, a veces construyendo islas con otros cimientos, quizá no los propios, que son cantos de sirena que te embelesan, creyendo que apuestas por ti a través de otros... Pero no existen otros, pues sólo buscan hundirte saltando a otro barco cuando el vómito te ahoga en una barra solitaria...

Nadie...

Pero sólo unos pocos saben ver, aun dejándose la cabeza en muros propios y ajenos, que de toda la mierda nace la flor, la que es la única verdad, la desnuda... la identidad no ya perdida y sí encontrada, por fin, cuando se integra el tritono en la partitura, el libre, el que llama a la carne y para los demás es disonante, la Sombra, y surge el artista sin miedos, siendo, por fin, él mismo... en un poema desnudo...


Navega, Peter, pues hoy el océano lo construyes tú, tuyas son las sirenas y las tormentas...

Ya sabes, lo sabes:

ningún Telémaco
al rescate...

Nadie...

sólo tú en la deriva, tío grande...


* Ya que has llegado hasta aquí, creo que no te puedo explicar lo que has leído si no sabes transcribirlo desde tus adentros. Considero, ya que he sido amablemente invitado a ello, que este escrito que va al final no puede cumplir ni hacer las veces de un prólogo introductorio, pues éste ya está admirablemente hecho por Vicente Muñoz Álvarez. Cuando cierras un libro, o acabas de leerlo en un medio virtual, lo que queda, el epílogo etimológico, encima de esas palabras que, sin faltar a la congruencia, se razonan desde el alma, no es el final; ni tan siquiera lo es esto que estás leyendo, no, tampoco es el final. Lo que queda son tus ojos mirando con ensoñación, paladeando mentalmente lo que acabas de leer, engarzándolo con tus experiencias, con tus notas y tus silencios... Y si consigues lo que ha conseguido Peter en mí, esto que lees, una fuga inspirada en sus versos, construida con sus versos, integrándolos en mí, todo esto, a mi modo de ver, adquiere sentido... El sentido que da el pensar que nada tiene un fin, tan sólo una transformación. Lo que has leído.



Agujeritos en la Niebla

...



2 comentarios:

Narciso el valvulista dijo...

No sólo impacta y golpea, sino que acarícia.
No sólo es brutal sino que de él brota la ternura.
Vida en pelotas.
Poesía sin mandangas, artificios, ni engaños.

xen dijo...

perfecta definición, tío Zapi... ahí estás tú, sí señor... abrazo.