Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

miércoles, 5 de mayo de 2010

La cámara de Niebla, crónica de Esteban Gutiérrez Gómez





Desde los intestinos

Por Esteban Gutiérrez Gómez

Se llama Alfonso. Podría ser una coincidencia. No tengo ni idea de la edad que tiene. Quizá treinta y cinco, quizá cincuenta. Hace un año que vive en la calle. Quiero decir lo que han entendido: la calle es su hogar. Llegó a ella por voluntad propia, por convencimiento. Viéndole por la mañana parece un ser completamente diferente al que a partir de media tarde me vuelvo a encontrar. Bebe. Bebe mucho vino barato en cartones. Por la mañana, cuando puede mantener una conversación, hemos echado algún que otro cigarro en el parque, detrás de mi oficina, a escasos veinte metros de Castellana 160.
Es psicólogo. Anduvo algo desorientado y no le apetecía mucho enderezar su camino. Está convencido de que este mundo no es “su” mundo. Luchó contra ello hasta que se dio cuenta de que no merecía la pena gastar más fuerzas en el empeño. No existe por medio más ruptura que esa: él por un lado y el mundo por otro, cada uno a lo suyo, reconociéndose, respetándose incluso, tratando de evitar cualquier posible contacto.
El vino es su pasaporte. Una vez empieza a ingerir, ya no es Alfonso, es otro ser, alguien parecido a una brizna de hierba que siempre estará por segar.



La cámara de niebla me ha venido bien. El exorcismo de Xen Rabanal ha hecho que me reconozca, quizás más en el pasado, por lo intensivo, pero también en la actualidad, porque yo, al igual que Alfonso, también he dejado de luchar, y esta propuesta literaria me hace recuperar el resuello para levantarme de nuevo y mirar de frente al mundo.
Poderosa narrativa, intelectual e inteligente, bárbara y dulce a la vez. Cada una de las pulsiones de Xen Rabanal las he sentido dentro, me he visto en ellas. Sus reflexiones desde la niebla, desde la resaca, desde el estar dentro de sí mismo, me han ofrecido una concepción del mundo que conozco, que me es afín. Esta sociedad que es un conjunto vacío, de valores reflejados, ilusorios. Como falsos espejismos insertados en la tarjeta de memoria de los humanos. Xen lo sabe y debido a su profunda intelectualidad, no puede enfrentarse a ello sin temblar.

El consumismo que alimenta el capitalismo liberal y salvaje es motivo de desazón para él. No intenta Xen Rabanal aleccionar absolutamente a nadie, y eso es algo a destacar. Todo lo pone a su firma, a su experiencia vital, y a nadie quiere marcarle el camino. Podría callarme, pero voy a escribir lo que desde hace tiempo voy repitiendo cuando surge la ocasión: la noticia del año 2009 no fue que una persona de color negro se alzara con la presidencia del país más poderoso y racista del mundo. No. La noticia fue que el globalizado imperio capitalista, fruto del liberalismo económico a ultranza de personajes como Bush y Aznar, quebró arrastrando a todas y cada una de las familias del mundo, que han tenido que renunciar a miles de millones de dólares para volver a cimentar el sistema (bancario), porque el mal estaba hecho y parece que a nadie le interesa crear una alternativa social. Esa fue la noticia de 2009.


He marcado muchas páginas en este libro y subrayado muchos párrafos. Xen Rabanal, con su poderosa mirada de escritor reflexiona sobre ese consumismo desaforado que se ha apoderado de nosotros (páginas 118 y 226, por ejemplo), sobre la gestión que los poderosos hacen sobre el miedo que previamente nos han inoculado (página 134), proponiéndonos después el cambio de libertad por seguridad sin que la gran mayoría de nosotros nos percatemos de ello. Reflexiona sobre el ser humano en compañía de otros seres humanos, programados en nuestras actuaciones por los medios de comunicación y por la envidia y la hipocresía implícita en nosotros (maravilloso su laberinto social de la página 176).


¿Quién soy yo? (página 74), se pregunta, ¿quién soy en realidad? Se busca Xen Rabanal entre la niebla, nos muestra su experiencia de soledad, quizás las más dura de las pruebas, como modo de escapar de un sistema social corrompido. A lo largo de toda la narración esa pregunta flota en el pensamiento del lector.
Me viene al recuerdo la estampa de aquellos anacoretas que hace muchos siglos abandonaron sus poblaciones para refugiarse en las montañas buscando encontrarse consigo mismos. Un ejercicio brutal de unos hombres que pronto la Iglesia (ese otro poder) trató de usurpar con las santificaciones, arruinando el ejercicio de una vida. Cada día que pasa reconozco mejor ese esfuerzo. Pero ese deseo de soledad que Xen Rabanal expresa como escape de una sociedad a la que aborrece, no ha sido el consuelo que, pensaba, sería. Sus pensamientos intelectuales se lo han impedido.


La cámara de niebla fue un proyecto de Xen Rabanal que le obligaba a escribir una vez se comprometió a volcar en su blog estas historias. No sabía dónde le iban a llevar, pero sabía que de este modo escribiría. El blog le ofrecía frescura y el compromiso de no deshacer lo redactado, lo ofrecido a los lectores. El vómito narrativo es unificado por un ritmo y tono constante, de modo que la divergencia es fácilmente digerible. Su sinceridad, desde los intestinos, admirable.

Ahora anda Xen Rabanal proponiéndonos de igual manera, a través de un blog, su nueva novela: Limpieza de bajos. Podrán leerla por capítulos según la va publicando en el blog, o podrán leerla en papel en el futuro.


Yo, me he bebido La cámara de niebla a sorbitos pequeños, como si fuese un diario o un güisqui de los buenos, y sólo puedo decir que he disfrutado como hace años no disfrutaba de una lectura.
Conozco a ese homónimo mío, Esteban... lo he visto demasiadas veces por las calles, en las venas de mis amigos, en mis ojos cuando rompía los espejos... Y a él, a Alfonso, el psicólogo al que no le enseñaron en una carrera a enfrentarse con su imagen en el espejo, le dediqué un día este Blues:
he visto
a demasiada gente
válida
para construir
gritar
en la oscuridad

Encadenarse
a una cola
la del paro
la de Salud mental

Penar
de la barra
en el ángulo oscuro
Allí donde dibujas
círculos
para encerrarte
Círculos
concéntricos
Muros
de silencio

Y caer
allí
donde
las cuentas
se redondean

Desaparecer
en una estadística

Morir
en un contrapunto
necesario
para justificar
la nota vacía
la oficial
la legal
la común
la socialmente
aceptada
en
este
mundo
de borregos

Matarse
por
no
matar

Balas
perdidas
Necesarias
hoy
para
disparar
 
nunca han estado bien las cosas, creo que lo sabemos todos desde la primera hostia, y arderán Troya y Bruselas y librarán los de siempre y seguiremos a codazos en la cola del matadero los de siempre... Es triste, es así pues no espabilamos; y no tengo nada que objetar a quien tiene la valentía de optar por sí mismo aunque sea en la autodestrucción... nada... 
pueda que todos hayamos sentido alguna vez que existe un punto de no retorno, ¿a dónde?, y tengamos la necesidad de agarrarnos a algo que creemos tangible para no caer en los precipicios... la sociedad te lo vende... Lo que me enseñó la niebla en la que viví dos años en la montaña es que esos precipicios formaban parte de mí, eran mis miedos... y eran demasiados, pero tenía que integrarlos en mí... o eso o la disolución...
acabé la novela en septiembre del 2008 en un camping desierto en el Escorial, mientras asistía como oyente en un congreso sobre Alquimia... En esas noches de soledad y tormenta dentro de una tienda de campaña acabé de comprender una cosa que, supongo, otros asimilan mucho antes... a mí me costó cuarenta años tener en cuenta que todos los pasos que había dado no habían sido en vano, pues la pregunta verdadera es una y en algún momento nos la hemos de hacer y la muerte no es un buen momento para ello, creo... y desde el momento en el que me la he hecho, la vida me ha empezado a dar oportunidades si quiero cogerlas y me ha hecho coincidir con la gente que realmente merece la pena... esa gente para la que hablo en esta novela, la que ha de poner en sí misma el germen de la auténtica revolución...
el día que seamos uno con nosotros seremos un todo que ha de cambiar esto... revolución desde dentro.
Simple teoría de redes, caos o cuántica. El que se mueve genera movimiento. 
Y si la lectura de esta obra sirve para remover algo en otros como me removió a mí el escribirla, ha cumplido su objetivo. 
No son tiempos buenos, decía... para mí no lo son... ayer denuncié los impagos de nóminas... y estaba triste por tener que dar un paso en el que no existe ya diálogo, no por perder un trabajo para el que no estoy ya capacitado, pues para pujar cientos de kilos hay que estar capacitado, no lo olvidemos... y estaba triste porque siempre está ahí la incertidumbre, pero también siempre está ahí una mirada amiga que te da la vida (gracias, A), unas palabras de apoyo como las que siempre tiene LM, las palabras que habéis podido leer de Esteban, los comentarios de Alfaro, de Gsus, de Voltios... la noche en vela de Velpister por leerme, joder, nunca he tenido tanto como tuve en el día de ayer y que me llevo: un maravilloso camino abierto para recorrerlo que voy a hacer con quien quiero al darme cuenta que mientras existe la incertidumbre existe la vida...
y eso os deseo: camino para recorrerlo


gracias Esteban
...

extraído de: Bacovicius (agujerito en la niebla que te ha de llevar a la bitácora del escritor Esteban Gutiérrez Gómez)

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