Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

jueves, 6 de mayo de 2010

Fantasía del cuerpo postrado/ Luis Miguel Rabanal

FANTASÍA DEL CUERPO POSTRADO

(EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE)




Que conste que escribir sobre lo ya escrito me ha producido siempre una desazón intensa, muy intensa.

Sentado este principio, y declarada semejante tontería, es mi intención intentar trazar la pequeña historia de lo que en su momento fue el origen de FANTASÍA DEL CUERPO POSTRADO o, expresado de otra forma, su verdadera carta de naturaleza.

Para ello tendré que retrotraerme a los años en los que se escribía y, sobre todo, se finalizó MORTAJAS. Libro que tendría que haber sido el último que yo terminase y no sólo eso, también era mi deseo que habría de terminarse con él todo lo demás. Por suerte o por desgracia -yo estimo que más bien por lo segundo-, un fallo clamoroso dio al traste con aquellos iniciales presupuestos.

Se trataba entonces de volver a retomar la escritura después del susodicho varapalo, no tanto al ciclo literario como al vital y anímico, pero, eso sí, volver a hacerlo desde presupuestos completamente diferentes. Y se me ocurrió que el próximo trabajo, experimentos aparte, no podría ser sino un libro de agradecimiento a la persona culpable de esta especie de renacimiento o vuelta al redil: María Jesús.

Un libro de agradecimiento y un libro de amor. Amor a mi tierra. A Olleir que, no me cansaré de repetirlo, no es sólo el anagrama compuesto por el nombre de mi pueblo al revés. También está formado por los pueblos de Ceide, Los Orrios, Oterico, La Velilla, Trascastro, Pandorado, El Ariego... Los lugares que desde la más lejana infancia se establecieron como mi pequeño o gran mundo, según se mire, y ordenaron para siempre mi memoria.

Has fantaseado con el territorio preciso, / allí donde se empleaban en herir tus ojos las horas. / En el camino de Ceide / terminaba el placer. (Página 33)

Y amor a ella. Porque, lejos de metáforas más o menos imposibles, el título de FANTASÍA DEL CUERPO POSTRADO posee un significado la mar de sencillo. Qué otra cosa le apetecería más que nada al cuerpo ese que dejar de serlo, o de estarlo. Es decir, ser capaz de levantarse, de echarse a andar -siquiera un poquitín-, de abrazar a quien tienes que abrazar. Pues eso.
Ella se apropia de tu dolor y lo transforma / en charcos para salpicar la extrañeza. / Te salva cada tarde de no perecer ahogado. / Dice que no entiende / y huele ahora mismo a la colonia de lilas... (Página 122)
El conjunto, heterogéneo como él solo, consta de sesenta textos. Algunos, muy pocos, se desecharon en su día de MORTAJAS y aquí han sido estupendamente recibidos. El resto de los poemas, tal como apuntaba más arriba, se fueron sucediendo poco a poco a medida que la necesidad los iba reclamando.

Después vino Alfonso, y Alberto y, casi al final, llegó Gregorio con su amabilidad y su enorme paciencia. Y más tarde se presentó Mestre y trajo consigo sesenta puñados de luz. Gracias a él, o por su culpa -no sé bien al día de hoy a qué atenerme-, nadie en su sano juicio tomará en sus manos el ejemplar de lomo rojo para buscar y leer los poemas de un tal Rabanal habiendo como hay en el libro ilustraciones de tamaña belleza.

Por último, hipócrita oidor -nada de semblable ni de frère, no sé si amigo-, por ahí debes de tener a tu alcance FANTASÍA DEL CUERPO POSTRADO. Ándale, como diría Santa Benilde de Arienza, patrona de las fiebres reumáticas, de las muñecas hinchables y de las poetas del despropósito.

Acabáramos. Escribir sobre lo ya escrito me produce una desazón intensa. Muy intensa. Pero estabas avisado...

Ante mis ojos la vida descuida su aliento. / Quédate con ellas, merece gratitud / quien no sabe más que volver a contarnos / las horas. // Si lo hermoso era estar junto a ti. (Página 143)

No llego a la presentación del libro de Luis Miguel Rabanal, la cual se está celebrando en estos momentos. Éstas son las palabras que ha preparado Luis Miguel Rabanal para el acto. Palabras para recordar.



Al final del pasillo no hay nada. Es un vacío frío que recorremos en silencio.
Las palabras están o vuelan, las coges o las pierdes.
Diles adiós...
M. J. ROMERO 

VIII
No recuerdo bien su nombre, me conmovería saber
que fue anulado en mi cerebro
lo mismo que se raspa, por capricho, una línea
roja de un papel cualquiera.
Alguien se tuvo que encargar de confundirme.
Tampoco recuerdo bien su cara.

La tarde, que da paso con desgana a madurar
en los errores, en los cuerpos que no pudimos
ni quisimos retener. 


Los libros de Camparredonda
pedidos: grefer@ono.com 

No hay comentarios: