Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

lunes, 7 de diciembre de 2009

El laberinto de Noé/Esteban Gutiérrez Gómez


Por primera vez

Tomé la curva a toda velocidad. El coche bufó con la marcha reductora. Sentí un ligero derrapar de las ruedas traseras. Entré en el túnel. Aceleré con fuerza. Tercera, cuarta velocidad. No encendí las luces a pesar de lo poco que se veía. Subí una marcha y volví a acelerar. El suelo del túnel estaba seco. Las gomas parecían pegarse al asfalto. Oía, con un ritmo creciente cada vez más intenso, el sonido sordo de las ruedas atravesando las rejillas del agua: kron-kron, kron-kron, kron-kron. Pisé a fondo. Los coches del carril contrario hacían señales con sus luces. Yo pasaba de ellos. Sentí que mi cabello se erizaba. Un látigo de hielo ascendió por mi espalda hasta la nuca. Me zumbaron los oídos. Reduje: tercera, segunda, primera, justo antes de salir del túnel. Pisé el freno y, cuando sentí que era el momento, volvía a acelerar con furia. Derrapé sobre la alfombra de hojas que cubría el asfalto al otro lado de la montaña. Esta vez el coche se atravesó. Buscaba las luces blancas que venían a su encuentro. Contravolanté a la derecha, luego a la izquierda. Tras varios zigzags logré dominar la situación. El bramido de una bocina de un camión me sacó del letargo. Sequé mi frente con el brazo. Levanté algo el tembloroso pie del acelerador. Tiré al asiento de atrás el revólver. Había estado anillado al dedo índice de mi mano derecha todo el tiempo. Por el espejo retrovisor vi desaparecer el túnel. Con él se iba aquella puta mañana de lluvia, en aquella puta ciudad de provincias, con aquel puto banco de mierda en el que descubrí, por primera vez, que era capaz de matar por el puto dinero de los cojones.

BACO
Esteban Gutiérrez Gómez, El laberinto de Noé

Ediciones La tierra hoy, 2007


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