Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

jueves, 28 de agosto de 2008

la Niebla cumple/Pepe Pereza


EL RECOGEPELOTAS


Manuel García Armas se dedicaba a la política, pero su verdadera vocación era el fútbol. De no ser por una grave lesión que tuvo en la rodilla cuando era joven se hubiera consagrado de pleno a su deporte favorito. Fue un brillante delantero que sabía regatear en el área sin perder los nervios ni el control del balón, además era rápido como un rayo y durante tres temporadas seguidas fue el pichichi de la segunda división. Todos los entrenadores que tuvo le auguraron un futuro brillante en el mundo del fútbol, pero como dije antes, la grave lesión le apartó de los terrenos de juego para siempre. Más tarde, según fueron pasando los años se metió en política, pero siempre que le era posible acudía al palco del Bernabéu para animar a su equipo. Ese día en concreto, jugaba el R. Madrid contra el F. C. Barcelona, en ese partido se iba a decidir la liga y todos estaban ansiosos por saber el resultado final. Por ahora, ganaba el Barcelona por 0 a 3 y tan sólo se llevaban jugados treinta minutos de la primera parte. Mal lo tenían los de la capital, o se espabilaban sus jugadores o aquello se iba a convertir en un desastre. Todos los aficionados que llenaban el gran estadio no perdían ojo de cada jugada, todos excepto Manuel García Armas. Manuel ignoraba lo que ocurría en el terreno de juego porque toda su atención estaba puesta de uno de los recogepelotas. El chaval tendría doce o trece años, era rubio y delgado, desde el palco era lo único que podía apreciar, no distinguía ni el color de sus ojos, ni sus rasgos faciales, pero no era su físico lo que le había llamado la atención, su curiosidad se debía a que había advertido una extraña cualidad en él y esa cualidad era que el chaval sabía de antemano por donde iba a salir la pelota. Cuando eso sucedía, ahí estaba él esperando para devolverla al césped. Luego, en vez de volver a su zona y sentarse a esperar, el chaval acudía directamente a un lugar especifico del campo y allí se quedaba parado. Al poco tiempo la pelota salía justo por donde él se había situado, así una y otra vez. Aunque Manuel era un gran entusiasta de los encuentros entre el R. Madrid y su eterno rival el Barca, no podía quitar la vista del chaval, lo que estaba ocurriendo dentro del terreno de juego era secundario. Su cabeza no paraba de analizar hipótesis que explicasen la habilidad premonitoria de la que hacía gala, pero en conclusión no llegó a alcanzar ni una sola que lo dejase satisfecho. La única respuesta era que el chaval tuviese acceso directo al futuro inmediato. Fuese lo que fuese aquello no era normal. Entonces pasó algo especial que sólo Manuel pudo apreciar, el recogepelotas hizo un gesto contenido de celebración, no supo a que se debía hasta que pasaron unos quince segundos y el R. Madrid metió un golazo por medio de su delantero estrella, Raúl. Manuel ni siquiera celebró el gol, estaba tan estupefacto que no pudo. ¿Cómo era posible anticiparse a los hechos? Eso, dentro de los límites de la ciencia, no tenía ninguna lógica. Así fueron pasando los minutos hasta que el árbitro pitó el final del primer tiempo. En los descansos Manuel tenía por costumbre acercarse al bar a tomarse una copita de Torres 5, pero en esta ocasión prefirió quedarse donde estaba, vigilando al recogepelotas. Aprovechando que tenían el campo para ellos solos, los recogepelotas saltaron al césped y se pusieron a intercambiar unos cuantos pases con un balón. No parecía distinto a sus compañeros, sin embargo, Manuel intuía que sí lo era, que había algo en él que lo hacía especial y único, el chaval tendría un sexto sentido que el resto de los seres humanos no tenemos, o si lo tenemos está sin desarrollar. Sintió ganas de abandonar el palco y bajar al césped para hablar con él, quería hacerle infinidad de preguntas : ¿cuál era el secreto de su don, cómo lo había adquirido, le venía dado de nacimiento o, por el contrario, era algo que había potenciado una y otra vez hasta dominarlo de una forma natural?... Pero, justo en ese momento los chavales tuvieron que dejar sus juegos porque los árbitros y los jugadores salieron de los vestuarios para incorporarse de nuevo al partido. Al poco, empezó el segundo tiempo. Al igual que en el primero el chaval seguía anticipándose a todas las salidas del balón que habilitaban su zona. A estas alturas del partido Manuel tenía claro que el recogepelotas adivinada el futuro por eso cuando le vio apretar los puños y dar un par de pequeños saltitos de satisfacción supo que enseguida llegaría el segundo gol del Madrid. Y así fue, justo unos segundos después, Guti, con una espectacular chilena chutaba el cuero a la red. Esta vez Manuel sí celebró el gol aunque sin demasiado entusiasmo porque ya lo había hecho de forma contenida unos segundos antes, cuando lo hizo el recogepelotas. Se sintió privilegiado, podía anticiparse al futuro por medio del chaval y eso le gustó. Si pudiese utilizarlo en la política estaba seguro que su carrera despegaría de manera fulminante. Si el chaval podía adivinar por donde iba a salir una pelota por qué no iba a ser capaz de adivinar los resultados de una votación. Ese pensamiento le abría las puertas de sus ansiadas metas, del éxito y, lo que es más importante, del poder. Con ese chaval a su lado la presidencia del país estaba al alcance de su mano. Justo cuando le estaba dando vueltas a esos pensamientos, paso algo que le puso los pelos como escarpias. El recogepelotas estaba a lo suyo y de repente se giro y miró directamente al palco donde estaba Manuel, durante unos segundos que parecieron eternos ambos se quedaron mirándose. Manuel estaba aterrado y no podía moverse, de haber podido hubiera abandonado el palco de inmediato. Sintió cómo la mirada del chaval penetraba en su cuerpo y su mente cómo un escáner de rayos x apropiándose de sus más íntimos pensamientos. Manuel se considero violado, y claro, aquello no le gustó. A partir de ese momento el recogepelotas dejó de anticiparse a los hechos y se comporto cómo lo haría cualquier recogepelotas. Manuel salió del Bernabéu un cuarto de hora antes que finalizase el partido. Ya no le importaba si el Madrid ganaba o perdía la liga, lo único que deseaba era llegar a casa, meterse en la cama y taparse la cabeza con la almohada. El miedo aún estaba dentro de su cuerpo y se sentía cobarde por huir de la mirada de un chaval.

Pepe Pereza, con este relato, además de inaugurar la temporada futbolística, espera conseguir de una vez que Diana saque su papeleta... en este caso para Blues y Tributo a Fonollosa...

gracias Pepe


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