Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

lunes, 25 de agosto de 2008

la Niebla cumple/pepe pereza

Eduardo se parecía físicamente a Robert De Niro, de hecho, si los hubiesen presentado como hermanos gemelos nadie hubiera dudado porque su parecido era asombroso. Pero Eduardo no encajaba en los ambientes en los que se mueve De Niro, porque él era un vagabundo resentido con el lujo y el buen vivir. Su vida se reducía a vaciar cuantas más botellas mejor, dormir la mona y luego seguir bebiendo. Siempre estaba metido en peleas de borrachos, ya fuera por defender su territorio en un banco del parque o su parcela de barra en un sucio garito. Había pasado tantas veces por urgencias que allí todo el mundo le llamaba por su nombre, mejor dicho, por su apodo, ya que todos le llamaban Robert o De Niro. Eduardo se había aprendido algunas frases de las películas de De Niro y las interpretaba imitando sus gestos y su voz, mejor dicho, la del doblador, ya que Eduardo no sabía inglés. Cuando veía algún bebedor con la cartera llena se le acercaba y le hacía una de sus imitaciones, con un poco de suerte, se sacaba unos euros que inmediatamente invertía en alcohol, otras veces eran los propios clientes del bar los que le reclamaban y le decían:



- ¡Eh! Robert, por qué no te arrancas con una de las tuyas.



Entonces Eduardo iba y les hacía una de sus imitaciones y los clientes agradecidos le invitaban a uno o dos tragos. El tiempo fue pasando, y por el rostro de Eduardo parecía que lo hiciese el doble de rápido que por el de los demás. El alcohol, la mala vida y las peleas le fueron degradando física y mentalmente. Debido a una infección de encías fue perdiendo los dientes, luego se rompió la nariz en una caída por unas escaleras y más tarde le vaciaron el ojo derecho de un botellazo. Ya no se parecía en nada a Robert De Niro, la gran cantidad de cicatrices y golpes recibidos le habían deformado tanto el rostro que cuando hacía sus imitaciones ya nadie le reconocía y no le veían la gracia. Le siguieron llamando Robert o DeNiro, más que nada, por la fuerza de la costumbre y muy pocos se acordaban que en su tiempo se pareció asombrosamente al gran actor Robert De Niro. Un día apareció tirado en un callejón con cinco puñaladas en el estomago. Parecía la escena final de una de esas películas sobre la mafia italiana en las que De Niro siempre era el protagonista.


Pepe Pereza, in extremis, para Raúl Núñez


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