Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

viernes, 22 de agosto de 2008

la Niebla cumple/Pepe Pereza


LAS SEÑALES


Sabih se quitó la camiseta y se miró la espalda en el espejo de la habitación que acababa de alquilar, unos tremendos arañazos la cruzaban en diagonal. Hizo un gesto de fastidio y después arrojó la camiseta sobre la cama. Conectó la radio y el locutor anunció el tema "Roads" de Portishead, le encantaba esa canción, se tumbó sobre el colchón y la escuchó concentrándose sobre todo en el bajo. A media canción llegó Elena. Sabih siguió escuchando las notas que salían del altavoz de la radio sin inmutarse. Elena le miró de reojo y se fue directa al baño, después de entrar cerró la puerta. Al poco salió completamente desnuda.

- Te dije que no me dejases señales y tengo la espalda totalmente arañada. – Dijo Sabih.
- Déjame ver. – Ordenó Elena según se acercaba a él.

Sabih le mostró la espalda y ella acercó su mano, parecía que lo fuera a acariciar, pero en el último momento sacó sus uñas y las clavó en la carne. Él gritó de dolor y se apartó de ella.

- ¡Joder! – Protestó Sabih frunciendo el ceño.

Elena soltó una carcajada seca.

- Hay tienes otra más, capullo, para que no vuelvas a decirme lo que puedo o no puedo hacerte. – Dijo Elena cambiando el semblante y poniéndose, de pronto, muy seria.
- Vale tía, lo siento. No volverá a pasar.

Elena hizo un gesto de satisfacción y se tumbó en la cama junto a él. Sabih notó como un hilo de sangre bajaba por su espalda. En la radio pusieron otro de sus temas favoritos: "Cuando te duermas" de Iván Ferreiro.

- ¿Has traído el lubricante? – Preguntó Elena.
- Sí…

Sabih se incorporó y sacó un frasco del bolsillo de su cazadora, que estaba tirada sobre los pies de la cama.

- …aquí lo tienes. - Dijo mientras se lo daba.

Elena lo examinó leyendo la etiqueta de atrás.

- Nos servirá… ¿por qué no te has desnudado todavía?
- Ya voy.

Sabih se quitó los pantalones, los calcetines y los calzoncillos.

- ¿Estás preparado?
- Sí.
- Extiende tu mano.

Al hacerlo ella le vertió un chorro de lubricante sobre la palma.

- Ya sabes lo que tienes que hacer. – Dijo ella poniéndose a cuatro patas.

Sabih extendió el lubricante entre sus manos e introdujo su dedo índice en el culo de ella, poco a poco fue lubricando el agujero hasta que pudo meter un segundo dedo. Elena empezó a gemir. Pronto pudo introducir un tercero, Elena estaba a punto. Sacó los dedos y se acomodó para penetrarla con el pene. Su polla entró sin dificultad en el interior del culo.

- ¡Métemela hasta el fondo! – Suspiró Elena a la vez que se agarraba con fuerza a las sábanas.

Sabih apretó las mandíbulas y empujó con rabia las caderas. Elena siguió gimiendo acompasando los gemidos a las envestidas de su compañero.

- Vete preparándote… - Le advirtió Elena.

Sabih alargó el brazo, cogió un cigarro y un mechero de encima de la mesilla. Se metió el pitillo en la boca y le prendió fuego, aspiró y soltó el humo sobre la punta del cigarro poniéndolo al rojo.

- Hazlo ahora.

- Ordenó Elena.

- Estás segura.

- Hazlo, joder…

Sabih obedeció y apagó el cigarro sobre la espalda de ella. Elena llegó al orgasmo. Justo en ese momento sonaron los primeros compases del tema de Mark Lanegan “One Way Street”. Ella separó sus nalgas de él, se giró y se metió la polla en la boca. Sabih se concentró en las notas de la canción, especialmente en las que ejecutaba la segunda guitarra acústica. Elena apartó ligeramente el pene de su boca y le dijo:

- Dame tu lefa.

Sabih asintió con la cabeza. Durante todo el día había estado bebiendo zumo de tomate porque alguien le dijo que eso daba buen sabor al semen. Elena siguió chupando, en un momento dado, sacó sus uñas y las clavó en las nalgas de él haciéndole eyacular. Después Sabih volvió a encenderse el cigarrillo que momentos antes había apagado sobre la espalda de su compañera y aspiró el humo llenándose los pulmones con él. Elena saboreó el semen de Sabih notando un sabor más dulce de lo habitual. El zumo de tomate había sido efectivo. Ambos se relajaron tumbados en la cama mientras en la habitación aún persistía un ligero tufillo a carne quemada.

Pepe Pereza sabe que por estas fechas los tomates están maduros... y no hay receta mejor para una resaca compartida...

Pepe a por aguaCero, pues

(es agosto supuestamente tórrido y se prepara tormenta... buen día para leer este relato de Pepe y escuchar a Petisme)...

y un cigarrín... cuando se tercie...


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