Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

miércoles, 13 de agosto de 2008

la Niebla cumple II/pepe pereza


LA SOMBRA

Esa maldita sombra lo jodía todo. Si no fuera por ella en los días de sol el porche de la casa se llenaría de luz. La sombra la provocaba un nogal de más de cien años que estaba plantado a unos pocos metros del jardín. Matías odiaba aquel árbol y la sombra que proyectaba, lo odió desde el mismo día que su madre apareció colgada por el cuello en una de sus ramas, parece ser que se suicido ahorcándose con una cuerda. Él solo tenía diez años, pero cada vez que veía el nogal no podía evitar recordar aquella escena. Todavía sentía las piernas agarrotadas y frías de su madre cuando se abrazó a ellas estando aún colgada del árbol. Recordaba estremecido como la sombra de su madre se balanceaba recortada en el porche de la casa mostrándole el siniestro suceso aun cuando le había dado la espalda al árbol para escapar de aquella terrible visión. El nogal y su sombra eran un recordatorio permanente de los desgraciados acontecimientos sucedidos hacía ya tanto tiempo. Matías se había prometido así mismo que un día talaría el árbol y acabaría con los malos recuerdos, pero nunca se había atrevido a hacerlo. Una tarde que estaba tumbado en la cama matando las horas y la depresión a base de hachís y vino de Rioja escuchó un gran frenazo y seguidamente un estruendoso ruido de un choque metálico. Se asomó a la ventana y vió con agrado que un camión se había estrellado contra el nogal, a consecuencia del impacto el árbol había sido arrancado casi de raíz. Matías salió de la casa para auxiliar al camionero, en cuanto estuvo en el porche notó que el sol entraba en él llenándolo de luz y calor, era la primera vez en muchísimos años que pasaba eso. El camionero estaba bien, dijo que fue un fallo de los frenos y que no pudo hacer nada por evitar el accidente. A los tres días los operarios del ayuntamiento retiraron el nogal y con él su fría y negra sombra. Matías empezó a salir por las tardes al porche para disfrutar del sol, se sentaba en él con una cerveza y un porro y permanecía allí hasta la hora de cenar. El recuerdo del suicidio de su madre seguía, inevitablemente, en su cabeza, aunque la ausencia del nogal hacía que fuera más llevadero.
Pepe Pereza, que está que se sale, envía este relato para conseguir el libro de Ana Pérez Cañamares: La alambrada de mi boca...
mirad a ver... que la peña apuesta fuerte... ya estáis tardando en enviarme algo o un simple correo para entrar en el aniversario de la Niebla...

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