Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

Velpister: el niño que aplaude en su escondite, cuentos para no volverme cuerdo

Velpister: el niño que aplaude en su escondite, cuentos para no volverme cuerdo
25 de Abril en A Casa das Campás de la Universidad de Pontevedra, a las 21:00 horas. Entrada gratuita.

viernes, 4 de enero de 2013

El tiempo del hombre muerto/ inicio




pro logos

I Rastro
25 de marzo, 2012. Madrid.
 
Vivimos en la dictadura de los mediocres.


Sólo busco algo que distraiga un poco la resaca. Estoy lento, algo torpe, es lo normal, eso creo, aunque me temo que algo está trastocado, pues antes, en las mañanas de los domingos se reiniciaba la chota tranquilamente, dejando ir a la deriva a las neuronas supervivientes... pero ahora son voraces los que caminan disputándose cada paso, quizá para sentirse reyes, al menos en los huecos de las aceras, pues cada vez quedan menos espacios en donde creerse únicos, caníbales del reflejo, eternos perseguidores de moscas de plástico irisado que no ahuyenta el recuerdo del cebo, la carne que les infectó, dioses clonados que sólo han de responder de sus actos ante sí mismos, es lo jodido del asunto, morder aire, la asquerosa soledad del que se intenta extirpar los restos de conciencia, por eso huyen de sí tropezando con el contraste, yo, pues parece ser que hoy me ha tocado cargar con el muerto, con estos dioses de cerebro criolipolisiado, menos mal que siempre llevo encima el cargador de palabras dum-dum para reventarles los sesos, aunque algunos culos simulen merecer un contraste, pero si rompe la silicona se quita mal, me digo, y moralmente no me siento capacitado para autentificar nada, ni mucho menos las copias desvaídas, sin luz en sus ojos, muerto en ellas lo original, que se amontonan por estas calles buscando la marca que se plagia a sí misma en el saldo, la que aparente distinguirles de los demás, esa que les haga soñar un instante que siguen siendo los únicos dioses en el rebaño... lo siento, pero no me vais a joder la mañana, generáis tensión, ya no os relajáis ni en un domingo al sol, ya, ya, el miedo de seguir al sol el lunes, así andamos unos cuantos, y hasta el siguiente día del astro rey, ese que está revolucionado, dicen que algo está cambiando en él, que las tormentas solares pueden acabar de petar este sistema donde los mediocres nos gobiernan con miedos, es curioso, sí, recuerdo, al tropezar con los nuevos zombis que zozobran, ese axioma de la Alquimia que reza: Lo que es arriba es abajo, ese principio cuántico que me dice que todo está interconectado y no existen las casualidades, pues aquí la Re-evolución ya empezó en unos cuantos, antes de reunirse en una plaza que llaman del Sol, y es virus que compite con ese otro inoculado desde el poder que nos programa iterando miedos, el que nos transmuta en muertos vivientes ávidos por consumir, bots vacíos de mente, sin espíritu, sin glándulas sexuales, algoritmos andantes cubiertos con harapos de marca globalizada, etiquetas que no disimulan la podredumbre de los que pasan de largo por la vida, acostumbrados a visualizar miles de productos en la red de agujeros, me gusta, deprisa, ya no me gusta, ansiando algo que calme esa ansiedad que se retroalimenta, ya saben que la felicidad no está a un click de distancia, deprisa, pero ya no pueden parar todo pasa y nada queda, volver atrás, nada construye, nada cultiva, nada queda atrás, nada se graba, como ellos en mis pupilas, seres grises que mueren con una época, a ver si deprisa, que peregrinan a los orígenes de su religión de saldos, aquí donde nació todo, hoy rodeado de la muralla de los comercios chinos, es su religión, y si estás atento les oyes murmurar los mantras de su credo: ofertix, privalia, mequedouno, esdemarca, groupon, lestbonus, offerum, glamounity, buscounchollo, buyvip, memimo... pero no creas que reparten galletitas como los Hare, no, nada vibra en ellos, sólo caminan tristes, en su mirada el odio, simulan ser libres despotricando en los periódicos digitales, escudándose tras un nick, un alias sin trasfondo, es lo único que queda de ellos, su libertad es el insulto anónimo, pues pertenecen a esa mayoría que justifica a los mediocres, que traga con lo que les echen, tienen un problema de falta de identidad, ya son simples marionetas: vacíos de por sí, con el culo siempre receptivo a las manipulaciones que lo mantienen ocupado, no pueden evacuar, todo en ellos es mierda y así la pasean esta mañana, rezando para que el oráculo de los mercados fagocite de una vez la alegría de Sol, le plante una etiqueta para poder adquirirla de oferta e ir a la moda, esa que nace de los jirones de la piel ajena y acaba de plástico en los outlets, es su democracia: el mismo diseño para todos los abducidos pero... diferentes precios.


Necesito una cerveza, la autocombustión de tantas almas de policloruro de vinilo atrofia mis bronquios, no me permite seguir dejando de fumar en paz. La neurona se ha enrocado con una dendrita y simula con ella el punteo de Wish you were here, todos echamos de menos lo que nos complementa. Recuerdo la carátula del vinilo: un hombre trajeado dándole la mano a un maniquí ardiendo que parece ser su doble, su sombra. Así somos hoy: simples maniquíes ardiendo... pronto no seremos nada, no seremos nadie delante del espejo. El Narciso humano, al mirarse en el espejo, no se suicidó... su imagen se fue difuminando hasta desaparecer. Y murió de inanición al no poder alimentarse de su reflejo. Puta soledad. Eso leo en su perfil del facebook.


Las masas siempre están equivocadas, lo decía Bukowski, otra gente, tú, lo repito, todo aquel que sea capaz de situarse fuera de la visión general, coger un poco de perspectiva, las masas siempre están equivocadas, los mediocres lo saben muy bien, los sicólogos del sistema han bordado su trabajo, orientan a la masa hacia el engaño del cebo, les hacen creer que al picar el anzuelo engrandecen su ego, y el sedal que seda y les dirige es el hilo de la vida, el estilo de vida que te venden... sólo las marcas te diferencian, borrego, y ahora hemos de saldar la marca España, pero su logo tiene demasiados clavos sueltos, las prisas, lo de siempre, son las anomalías, un tanto de photoshop, unos cuantos porrazos tipo martillo, y todos los clavos terroristas en su sitio... eso piensan, pero las anomalías son las que hacen que algo avance, no lo olvides si te sientes extraño, muéstrate orgulloso de ser anómalo cuando vengan a por ti, y si dudas, piensa que tampoco debe ser fácil ser un grumo en la masa, siempre bajo el rodillo, y pasarse el resto del camino hacia el horno odiando a los que portan un rescoldo de lo originario en sus ojos, el que en ellos apagaron al venderse. Han de autentificar la copia exterminando al original para sentirse algo en el rastro de los mercados... pues cuando se lo encuentran el vacío les sume.

Alfonso Xen Rabanal, El tiempo del hombre muerto, Editorial Origami, 2012

portada de Julia D Velázquez