Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

jueves, 5 de enero de 2017

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Me he regalado una correa anti ronquidos, je, je... Y me río porque caigo en lo que critico, es decir: por no llorar, pues es una disonancia en toda regla. Y se somatiza en dolor de cuello al despertar y el vago recuerdo de pesadillas insondables,
como el bozal que censura,
se auto censura con otro gadget.

El aparato en sí tiene mucha similitud con ese pañuelo que se anudaba en la coronilla
y sujetaba la mandíbula en los tebeos que leía de crío:
cataplasmas para dolores de muela.

En este caso, busco evitar
dolores de cabeza de los pocos
que me aguantan.

Pero me río
de mí mismo.

Lo que prima es el silencio. Pero no ese silencio creador, buscado y ansiado, en el que vivo...

Se lleva el silencio
que embalsa al río
y lo mata.
Todo el cieno se acumula en la presa...
en este caso mi boca.

Demasiadas veces
me dejo ir...
es como un suicidio
en el que poco a poco todos caemos
y acabamos cerrando la puta boca
y extendemos la mano
a ver qué cae

y no

así me pillan

el virus se adapta a todos y cada uno de nosotros
siempre está latente
Dios, qué puto aburrimiento es la espera del fin a al que nos hemos abocado...
procastrados, propasivos, proactivos procastinados propers... demasiados pros a nuestra contra

supongo que todos pasamos por lo mismo: asco, furia... supongo que la gran mayoría mira hacia otra parte, pero es imposible... supongo que despotricas, no entiendes a los borregos, no te entiendes... lo mismo dicen de ti, fijo... todos seguimos un proceso... la cuestión es darse cuenta y no hacer nada... ese es el problema... tanta indignación por todo, por cada cosa en particular, la división de la indignación en microindignaciones que nos comen el potencial de indignación, tanta indignación colapsa, te bombardean para que te indignes con una cosa, luego otra, hasta que caes rendido sin fuerzas, dócil, has agotado tu cupo de indignación en temas que no son triviales, pero que son parte de la verdadera indignación, la que te cuelan entre otras y tu indignación pasa sobre ella como un relámpago y yatá, somos a los intelectuales lo que los eyaculadores precoces a una buena vida sexual... acabamos frustrados... como ya no existen los macrorrelatos, nuestra indignación se parcela, y así se agosta y deviene en el mero acto de un click y luego otro, un twwet, seguimos piando cuando deberíamos morder, pocos pájaros carpinteros se concentran en un solo tema y hacen algo...
 
mientras tanto, nos damos de hostias minimalistas, como quien no se atreve a entrar a quemar el palacio que los esclaviza, y se mata discutiendo por el decorado del foso al que cae, irreversiblemente, mientras desde el balcón se descojona el de siempre...
bueno, eso de acercarse al palacio con las puertas abiertas por falta de mantenimiento es una metáfora... los fosos de hoy son los foros...

Pues nada... que felices reyes... Yo, a lo mío:

Venga, monstruo, estoy atrapado en tu red... acércate confiado a comerme... guardo un zarpazo para ti, preservo mi boca, moriremos los dos cuando se desborde con las pestilentes palabras que apantano en ella
pues los dos somos uno:
yo
yo

y ambos roncamos
de cojones
... 

(otro gadget a la basura)

miércoles, 4 de enero de 2017

morgue_49

once años y el dolor sigue
siendo la excusa el nervio
del perpetuo movimiento
sin cambio

once años incertidumbres
miedos tropiezos
piedra embreada
cadenas del fruto podrido
en mis tobillos

once años desatados
el dolor errante
no huye pues ya no existe
un reencuentro

me desgajo, sí, por carreteras
secundarias siempre
vueltas de un revés
que no me regresa
a tu aire

once años y sigo
odiando los pasillos rectos
los reflejos de los neones
en baldosas sin juego
la obligación cabizbaja
las sábanas sin esperma 
el chirrido de los ejes
si tú ya no conduces
las camillas que recorren
los pasillos rectos 
que sigo odiando 
las sombras que se crecen  
ante esa puerta
donde te di la espalda
y te abandoné

... 


 
 

martes, 3 de enero de 2017

Canto_48

me apetece cantarte, príncipe del claro oscuro
con tu voz susurro en el último cruce,
con tu baile de trazos lentos, como hombre blanco que restriega las suelas de sus zapatos sobre la cruz de los tiempos,
como hombre blanco que intenta borrar la frontera, la última, la que hace virtual un camino,
ya sin ritmos internos

me apetece cantarte, príncipe de los susurros, profeta que sentencia el hasta aquí hemos llegado o esto es todo, amigos, cuando el telos es una toalla que cae sobre el ring en donde todos tropezamos, y solo queda el amargo viento que cruza el umbral de la cuenta atrás
...
me apetece cantar al que cantó a medias siempre, conocedor de que la risa de los vientos rompe las palabras y las dispersa
sin semilla
me apetece cantar al que murió como cantó: dejándose caer hacia lo innombrable, fluyendo en sueños hacia el abismo...
allí donde lo errante se arraiga
...
y te canto con un duelo improvisado, los finales se abrazan a los principios, pues soy uno de esos poetuchos que te glosan en respuesta a la llamada de tu canto, uno de los que ya saben que somos los fetos abortados del monstruo que todo lo fragmentó,
y hemos dejado atrás a la rueda de los tiempos quieta en la frente del Manson (hijo del hombre),
a la voz del viento que se desató entre nosotros, los restos,
los que avanzamos en el intervalo del ruido que sigue después de tu canción, que no se afina y que todavía no consigue ser
silencio...
todavía no
...
Es lo que queda después del sacrificio,
lo único que nos queda:
ser como cisnes negros que vacilan buscando alas confundidas entre los restos de las sombras, recién salidos de un naufragio de sangre
...
Y te canto escuchando ese aleluya
en donde se infiltra
la nota del diablo,
y
se cierra la frontera del intervalo maldito
de una época que llamó
a lo último de la carnalidad del ego,

donde luces de neones
disimulaban las grietas
de las palabras rotas,
vacías,
que caen del esfínter abierto
como notas digeridas
que no abonan el campo inculto
del pop transgénico
...
Sí, hoy me apetece cantarte, sacerdote de la dualidad, pues hiciste bonita la caída y tu canto acompañó la derrota escrita de los que se quedaron
en los cruces de sí mismos,
encerrados en su habitación de pieles decoradas con símbolos vacíos:
solo hombres blancos que no saben bailar
y tropiezan con las líneas blancas, que aspiran borrar, con sus suelas sin agujeros...
líneas que cruzamos sin entender
los susurros de un alma invertida en el espejo roto
donde nada tiene medida
ni orden en la última deconstrucción
Te vi inclinarte con serena sorna ante los que todavía no entienden cómo los versos escaparon de la fosa, y guardarte el sobre y decirles que una esencia innombrable te enseñó los seis acordes...
y al repetirlos tres veces aprendiste que el Duende muere cuando se intenta clonar y presentiste lo inevitable:
tu muerte fue la última caída
de un ángel...
el final, medido,
de un tiempo
...
Pero qué más da,
no importa...
ya no...
queda registro
de tus cantos:
la banda sonora,
ambigüa,
que no entenderán
los que siendo el vidrio roto, ya pagan
con su sangre quieta
el infierno de las orgías que no han vivido
...
Amanece y tu voz se apaga, aún más oscura, sí, cuando ya todo es pos... todo está roto,
todo profanado
por las sombras proyectadas de los que nunca fueron en estos tiempos,
errantes dentro del círculo
que no les protegió de sí mismos...
solo lágrimas negras, sin alma,
afluentes de los ríos oscuros
de esa babilonia erradicada
a la que cantaste desde el silencio del que ya solo observa el hueco,
ourobórico,
de la torpe danza de un occidental sobre sus últimas cenizas
...
Ya nada tenemos dentro para simular que tocamos un Blues...
nada para pactar,
ya estamos fuera de un juego que nunca fue nuestro,
donde nos dejamos robar el único triunfo, el Amor...
Serán otras lágrimas, nacidas del fuego que todo lo purifica, las que renueven los sellos rotos,
ya inservibles,
las que te lloren de rojo lacre

ardiendo
Y sí, tenías razón: sonaba como la Verdad...
pero la verdad de hoy es que no existe la Verdad,
esa es la verdad, nos dicen,
y cantamos a la pre- y pos-verdad, como dualidad que simula un último orgasmo del logos ante lo extirpado...
Y mientras nos excretan por ese agujero en el que nos hemos perdido,
aún nos queda tu legado:
salir de este interludio donde todo acaba...
aprender a componer una nueva canción
por si queda alguna semilla no transgénica del alma
entre la ceniza que se abraza a la mierda
Mi camino ya es a través de las ruinas de los altares donde los egos simularon espinas y clavos sobre cruces de diseño a granel construidas por manos esclavas que murieron para redimir ansias de consumo barato, sabedores de la contraseña en sus manos...

Mi camino ya es a través de las fábulas posmodernas que arden como virutas,

fuegos de fatuidad...

Mi camino ya no ve las ruinas de los palacios que colapsaron por los agujeros excavados de los que querían y no querían huir de sí mismos solazándose en los laberintos de espejos frente a los que se pudrieron buscando el elixir que resolviese la antilogía del reflejo
Tú me enseñaste los cruces de occidente, la batalla infernal frente a ese espejo,
hoy roto,
hoy nada
...
Y es mi deber buscar
al hacer un sendero,
revelar desde el trozo que de mí libre de mí
lo que quede
de un ritmo interno,

del alma...
letra a letra
ahora
cuando ya no queda

nada

a lo que echarle la culpa

nada

por lo que arrepentirse
...

escrito con el poso de los versos de Lorca y Leonard Cohen 


sábado, 31 de diciembre de 2016

OK Google en los retretes del Conservatorio/ por Velpister





Orgulloso de que unas palabras de esta Niebla aparezcan en los retretes del Conservatorio de Vigo. Gracias al maestro Velpister
...

Allí donde nace la música del cuerpo... sí, esas cacofonías sinestésicas o donde el ruido marrón se huele y se ve en las notaciones que pautan los pelos del culo o los dedos en el papel al dejar una ristra de semicorcheas que son como guadañas que siegan este año maldito al que le dan dos segundos de agonía
pa seguir jodiendo...

Allí donde las pausas sirven para esa ceremonia de limpieza interna que simbólicamente nos "umbilica" con la madre tierra a la que ofrecemos lo que somos en el único momento en el que somos conscientes del legado que dejamos
perdidos en nuestra espirales...

Allí, quedan unas palabras que buscan ser abono en estos momentos en donde los tiempos finales se van por el retrete y los nuevos (pausa diarreica) llegan...

Feliz 2017
...
 

sábado, 24 de diciembre de 2016

estado de la cuestión 2016

a ver... cómo decirlo...
siempre fui un tipo problemático... no me extraña que la gente sólo sea coherente consigo misma cuando me retiran el saludo y miran hacia otra parte con una dignidad muy fingida... claro... conmigo no funcionan los dimes y diretes y las manipulaciones tan en boga en nuestros días.. yo solito me desacredito, ese es mi juego: mi mierda por delante: así me he evitado caer en las redes de los mediocres... casi todos hoy en día...
será porque crecí jugando en una plaza de abastos... y una vez madrugué para esperar a los camiones llenos de cadáveres frescos... y conseguí que me dejasen entrar en los fríos sótanos para ver caer por la rampa a las reses decapitadas... y escuchar a los seres verdes-negros de mandil de plástico teñido de sangre y manos de garfios, muy afilados, que hablaban muy poco y  juraban demasiado... pero eran directos y claros.
Más tarde enredaba por donde las verduleras en sus puestos y me acercaba a escuchar a sus consortes en el bar de la plaza: todos se dedicaban a lo mismo: a liarla... a sacar los trapos sucios... a acusar al vecino de lo que ellos hacían... a desacreditar... preludio del reino de envidiosos frustrados que nos asolan hoy en día... el gran hermano televisivo nació como una respuesta a la pulsión social de mi generación de verduleros miraombligos frustrados transversalmente.

siempre soy un protestón... un dediculo sin vaselina, fisting veterinario... aunque hoy les pone el tema... el final siempre pasa por el culo...

los comepelotas chupapollas la gran mayoría inteligentes ellos que no sirven ni para menearla pero sí para mentir y adular babosos de mierda por conseguir algo no me la soplan, a distancia, please... por si acaso se acercan a mí no vaya a ser que la líe y necesito una foto con él... 

lo único que me jode del tema es que a mí, orgulloso, me echaron de varias partes literarias por tocar los cojones... simplemente para que no se adocenasen y muriesen de créditos subvencionados... qué puta y solitaria es la literatura que necesita de babas para oxidarse...

lo cojonudo es que lo sigo haciendo... y ya estoy cansado... nadie detrás que toque los cojones con arte... todos salivando buscando réditos, columnas, libros que no dicen nada pues nada importa...

y no... sigo gritando... solitario
pero grito
esperando a una generación
que me diga lo que ya soy
un viejo afónico harto de ver un carrusel de chupapollas vendidos que giran sobre sí mismos
...
es un estado... una cuestión
un orgullo
seguir tocando los bajos
...
se sepa
...
Felices días os deseo
también a todos aquellos que sufren por la abundancia 
rellenos de sí mismos aptos para el sacrificio de lo podrido
deconstruyendo lo que ya no existe
sin reconocer la vuelta dada en el mandala de ojos caídos
globalizados
sin origen
y nunca originales
...
Sed, al menos os deseo que lo intentéis,
felices
...

jueves, 8 de diciembre de 2016

Domingo López/En la casa del padre



Viejo, dejaste el butacón vacío. La tele, que siempre tenías encendida y sin volumen, la debió de apagar alguien, no sé quién, cuando te acarearon en la ambulancia a morir en aquel hospital. Allí, en una habitación con una ventana sin vistas, separada dos metros de una pared leprosa, junto a otro anciano agonizante, te acompañé aunque ya no me veías y me entretuve en cagarme despacito en los muertos de aquellas enfermeras agrias, de aquella doctora pelirroja de escote generoso que en sus visitas de treinta segundos fingía apuntar pronósticos y quinielas y en realidad dibujaría garabatos o monigotes en el informe de seguimiento, de aquella limpiadora mascando chicle, mirandote de reojo mientras pasaba – a este no le queda ni medio telediario – el trapo de mierda, de aquellos celadores puretas, hablando del posible descenso del Cádiz mientras – qué bueno que ese tipo no sea yo – te cubrían la cara con la sabana. En el tanatorio, el imbécil más meritorio dijo que el corazón, cansado de ochenta y nueve años de latidos, se te había parado, hasta los mismísimos cojones seguramente, mientras yo recibía palmadas y estrechaba la mano a tipos que se irían a beber o a comer o a follarse sin ganas a la parienta, vigilando que el cura carroñero no se acercara a menos de cinco metros del ataúd, sin decir una sola palabra, hablando únicamente con la mirada, como siempre hiciste. No soy inocente, pero no me arrepiento de nada y tampoco tengo recuerdos para enmarcar. Y ni una puta lágrima, ni una, viejo. Estarás contento y quizás, por primeras vez, orgulloso. Siento, en todo caso, entre tantos desencuentros y silencios, no habernos tomado nunca juntos unas cervezas, ni haberte dicho a la cara, ya cuando te ibas: gracias, por lo que sea, por todo mismo. Y luego, cenizas  -¿las quiere el caballero en una urna?- me preguntó seriamente un andoba endomingado –  tan inútiles como las de mi cigarrillo. Entro hoy en la casa sin nadie. Los periódicos que te ponían de mala hostia siguen apilados en el rincón. El montón de cajas de medicamentos que te tragabas al tuntún están sobre la mesa. Encuentro uno de mis libros en un cajón. Le quito las pilas al reloj de la cocina. Me siento en tu butacón. Enciendo la tele. Sin volumen. Es mi turno. Todo seguirá igual, viejo, nada ha cambiado.

Domingo López Humanes
Extraído de su blog: Cuaderno de indigencias
 ...

lunes, 28 de noviembre de 2016

Los hombres de los dos días



“… no sé dónde empieza la conciencia:
si es centrípeta al yo frente a...
o al “a” centrífugo al yo ...


Todo son notas inconexas. Intento sumergirme en su mente. Sé que existe el hilo que las une. A veces todo adquiere sentido. Después la razón las descarta. Siempre ha sido así. No puedo hacer un perfil. Al día siguiente ya no veo esa conexión, aunque todo sigue igual, el esquema y eso, sí. Pero falta algo, quizá por dentro. Entonces sigo otra pista que me lleva a la misma conclusión. Una y otra vez aparece delante de mí. Es como una melodía, la esencia, una espiral... En eso consiste el trabajo del escritor, me digo, en ser un detective que investiga indicios. Has de meterte en la cabeza de otros. Sin empatizar, ya... eso es lo difícil. Si te asomas al abismo, bien lo sabía Nietzsche, éste se asoma en ti. Pero la variable a despejar, esa X en donde todo confluye, ese vórtice, es cruce de caminos en el abismo y es como Jano, el dios de las puertas, el dios de las dos caras osmóticas. Y así, la investigación externa se transforma en interna. Existe otro hilo en ella que me adentra en un pozo sin fondo. Como si las palabras tuviesen sombra. Imposible de esquematizar. En estos últimos años la obsesión ha ido creciendo. Y es muy difícil no empatizar con ellos.

No sé qué hago aquí. Visitar las ruinas. Ser un peregrino más. Otro ingrediente añadido a ese cóctel de detritus lisérgicos. Otear desde esas alcantarillas que nos legó el Hijo de Sam. Fui socializado para ser una partícula que se piensa única e imprescindible. Pero pertenezco a una masa en descomposición. Soy occidental. Creí huir del pudrimiento pensando que era ajeno. Pero ya no. Ahora afronto mi propia mierda. Algo me dice que hay que cercenar la gangrena. Ese lastre que nos impide avanzar. Intuyo que ellos piensan igual. Por eso les espero.

Cayeron muchos, de los mejores, sin sentido, ahogados en el vacío, muertas las revoluciones no programadas, corriendo... alejándose de sí mismos. Los que sobrevivimos, los cobardes, nos disfrazamos para seguir huyendo transversalmente. Venir al Valle de la Muerte forma parte de ese disfraz. Aún anhelamos una Revolución. Pero el sistema nos ha ido acomodando en nuestros miedos, a muchos en las cloacas, y nos ahogamos en disonancias cognitivas. Periódicamente echamos un vistazo a ese vacío. Pero regresamos corriendo hacia las luces artificiales de lo cómodo, los muelles porculizantes de los miedos, las frustraciones que nos desangran. Volvemos a huir de nosotros y nos refugiamos en un consumismo, cualquiera, pues es la única vía de escape en estos tiempos de sumisión. El dios de la razón necesita etiquetar al lado oscuro, hacerle culpable de todos los males. Y vendértelo. Los asesinos en serie tienen su mercado. Nos enganchan por alguna parte. Todos hemos sido fagocitados. Aunque intuimos que hubo un momento en el que nos sentimos vivos, en el que nos hicimos unas preguntas que nunca hemos respondido. Y por muchas terapias externas que canalicen caminos internos, por muchas drogas, lecturas, películas, poemas selfies mendigantes de likes, nuevas revoluciones de café cortado en un parlamento... por muchos gadgets que nos separen de nosotros mismos, al final estallará el eco de esas preguntas en el último colapso, rodeados de fetiches que son espejos internos. Un estertor en el vacío, ya sin solución. Una repetición hasta el infinito de la mierda, vamos. Y no podía seguir así. La putrefacción de un sistema lo es de sus partes. Si adquieres conciencia de ello, poco a poco te vas aislando. No quieres ni puedes seguir la estela de instantes vacíos, los que te ofrecen a modo paliativo. Necesitas exponer tu podredumbre. Y te conviertes en un ser anacrónico. Llega un momento en el que eres como una sombra, si sales de tu refugio, si lo tienes. Y si te vislumbran se sienten inseguros, como si les abandonase su desodorante oficial. Pues ya no miras hacia otra parte, ni te engañas con tu mierda, sus olores. No sabes qué frontera has cruzado, pero ya no estás del lado del bien... su bien, el impuesto. Eres peligroso. No te definen. No te etiquetan. Y quizá piensas en afiliarte al Partido del Diablo... pero los King Mob ya sólo son otra imagen, impresa en una camiseta, registrada y sin alma. Y te vas transformando sin buscarlo en un lobo solitario de manual, su manual, el más peligroso, pues no eres predecible en sus redes, es lo que buscan, anticipar el momento en el que te desvías, dejas de ser sumiso. Ya no te vas a callar, a dejar que los mediocres sigan copando los puestos que marcan las tendencias de los sumisos. Ya sabes que tienes que luchar. Para ello, intuyes, necesitas aprender a pensar como ellos. 
 
Somos tartamudos viscerales, apasionados de un simple instante, pues enseguida nuestra atención y nuestros impulsos se derivan a otra fuente, no acabamos nada y terminamos por no empezarlo ante la sucesión de estímulos... salivando siempre... así nos quieren y así estamos, nos programan con canciones pop... lo único que nos une es el vacío que no disimulan.

Es lo que escribía en un blog a principios de 2008, antes de echar un vistazo, breve, a la prensa digital, para acabar inmerso en páginas porno. Un berrido, un orgasmo manual, algo que disimule la tensión interna, alcohol, drogas... y a seguir esperando que otros hiciesen algo. Así era... hasta ese día. Una noticia hacía referencia una nueva investigación en el Rancho Baker. Buscaban restos humanos que incriminasen a Manson para ejecutarle. Mentaban, cómo no, la canción de Los Beatles, Helter Skelter, que había inspirado a Manson para iniciar la espiral de descontrol y muertes, nacida en el Valle de la Muerte y culminada en Cielo Drive. 
 
El titular de una columna de opinión, en un lateral del timeline, prometía disertar sobre el asesinato de un diseñador de moda. Parece ser que el homicidio premeditado había ocurrido hacía unos meses. Entré, por ver si tenía algo de morbo el asunto. El modisto vivía en el edificio a cuyas puertas fue tiroteado Lennon. El cadáver estaba atravesado por un sacacorchos gigante. Desnudo. El hierro se introdujo en su ombligo. Atornillado a la tierra de Central Park. La investigación forense concluyó con que la muerte había sido lenta. Un remolino de tripas y sangre... Pues bueno, ya estaba liada. Tenía ante mí un nuevo estímulo. Empecé a salivar. Ya me habían pillado otra vez. Siempre lo mismo. Mi cabeza se empeñó en ver conexiones entre ambas noticias. Abrí una carpeta nueva en el navegador, otra investigación para una futura novela. Me olvidé de lo que estaba escribiendo, del porno, y durante semanas estuve abducido por el tema. Unos decían que el diseñador estaba relacionado con una red de pederastas. Otros, que le habían extraído la sangre en un ritual satánico... Datos que me llevaron a otros enlaces, decenas de páginas, biografías, más comentarios, todo notas inconexas, sé que existe el hilo que las une y, a veces, todo adquiere sentido en otra pista, la que te lleva a la misma conclusión, una y otra vez aparece delante de ti, es como una melodía, la esencia, una espiral, eso es: una espiral... que se va alejando del punto. Pero que no lo pierde de vista. Lo sobrevuela como un dron. En este caso sobre el edificio Dakota, la pija y maldita casa neoyorkina, famosa por su inquilinos. Entre ellos, Aleister Crowley. Se rumorea que maldijo a esa casa con su magia negra. Y quizá los que se congregaron a sus puertas en 1967, manifestándose en contra del rodaje de La semilla del Diablo, reclamaban para sí esas fuerzas maléficas. Allí estuvo, entre otros, Charles Manson. A todos ellos se les relaciona con una secta satánica llamada Los Cuatro Pi. Una mafia relacionada con el tráfico de drogas, prostitución, asesinatos, pedofilia, sacrificios humanos. Se les conocía con diferentes nombres: Los Hijos de la Luz, Los Veintidós Discípulos del Infierno... Unas joyitas que encarnaban todo el mal del lado oscuro. Y como guinda del pastel, neonazis. Pero algo no cuadraba. Su líder era un hombre de negocios acaudalado. Situado en el lado del bien. El movimiento en contra de la guerra del Vietnam estaba ganando adeptos. Necesitaban una estrategia para desacreditar a los melenudos que abogaban por la paz. Con la New Age ya los estaban mercantilizando. Pero no habían derrotado a la Idea. Y, como bien sabía Pessoa, sólo la Idea alcanza, sin corromperse, el conocimiento de la realidad. Transmutando esa Idea en el mal social lo lograrían. Lo han hecho siempre: acusar a los demás de lo que ellos hacen. Su mundo es la aparicencia. Y mientras no se sepa todo va bien. Necesitan vender al lado oscuro como el lado del mal. Sólo así se aseguran el poder.

En el 2010, la empresa para la que trabajaba se adhirió al supuesto reset de su sistema. Es decir, desviaron todos los fondos para hacerse con otra empresa. Un simple cambio de titular en la sociedad, y quebró sin pagar a nadie. Y una sicav, si cabe, también. A ellos se les permitió empezar de nuevo. Se les rescató con el dinero de todos. Los empleados, después de meses sin cobrar, fuimos condenados a sufrir el estigma de los parados. Es el primer paso de su método Ludovico. Si te quedas sin trabajo todos te señalan. Te programan para que la tensión social estalle horizontalmente. Y que no levantes la vista de tu ombligo, e identifiques a los verdaderos culpables. Eres un vago, no estás formado, consume cursos de mierda, ya estás viejo... no sirves, menda. Toda la culpa es tuya, eres un perdedor. Interiorízalo. Te lo repiten a todas horas. Lo acabas viendo en la mirada de la gente a la que querías. A partir de ahí, el estado tira un pedazo de pan en medio de una piara hambrienta. Ese es el descojono, para ellos, de los subsidios. Después quitan el mendrugo tirando de un sedal. Y quedas salivando, ya sin apoyos de ningún tipo. Te incentivan para que te hagas autónomo mientras se cargan a los dependientes. Así te sacan de las estadísticas del paro. Tienes que ser un caníbal. Un anarquista con propiedad, hazte a ti mismo, sin jefes ni jerarquía, sin estado, enarbola la bandera del anarcocapitalismo. Tu patria es tu ombligo queer. Pero al poco regresas a la nada. Lo único que emprendes es la deriva hacia las sombras. Toda sociedad necesita de unos apestados. Con esa marca personal te etiquetan. Recordamos lo que os puede pasar si os movéis fuera de sus límites. Por no hacer caso a Guy Debord en su pintada de 1953: Ne travaillez jamais, ahora ya sabemos que no volveremos a tener un trabajo digno jamás. Los suicidios aumentan. O te comes los huevos o te los meten por el culo. El final es el mismo. Y los que no están para prostituirse, los que no quieren traficar con soma, se revuelven y amagan. Por si acaso endurecen las leyes. Y así, de repente, te convierten en terrorista. Cuando las cosas se ponen peor, cuando globalizan su egoísmo, amenazan con un reset mundial. Los disparos salen de la pantalla del televisor. Posibles cataclismos, exterminio atómico, pandemias, meteoritos, sed, invasiones de terroristas... Considérate afortunado si sigues vivo. Y sigue tragando en directo el Apocalipsis. No te muevas. Extirpa tu conciencia si quieres seguir vivo. Saja de ti la empatía. Entrega a tus hijos. Para eso te venden la mega pantalla, la que te observa.

This could be Heaven or this could be Hell. Eso cantaban los Eagles en Hotel California. Hablaban de un cruce de caminos entre dos realidades. Del vórtice que las une. Gurdjieff decía que la intersección de esos mundos sólo es posible hacerla desde la voluntad individual. La misma que reclamó para sí Aleister Crowley con su famosa frase: Haz lo que tú quieras, será toda la Ley. ¿Qué diferencia existe entre ambas voluntades? ¿Por qué el triunfo en esta sociedad ha sido de Crowley? Lo único claro es que si consigues la libertad en el mundo interno, ésta se refleja en el externo. Quizá por eso tantos miedos, tanta programación, tantos impedimentos externos e internos para no adentrarnos en nosotros. Luché a diario contra ellos. Di todas las vueltas que pude en esa espiral descendente. Hasta no sentir nada. Necesitaba encontrar algo dentro de mí. Recordarme. Un cimiento, algo. No era capaz de verme. Estamos programados para huir de esos territorios en los que ronda la muerte. Aún así, periódicamente, nos acercamos hasta que sentimos un chasquido. El cortocircuito nos impele a no ir más allá. A no salir de esa zona de confort. Nos programan con frases hechas. Fuera de ella sólo existen monstruos, se acaba el mundo. Lo llaman la zona de pánico. Allí esperan tu colapso. Has de aguantar la mierda. Es tu hábitat. Son los días en los que sientes las sombras detrás de los ojos. La luz no llega, no piensas con claridad. Algo falla. Pero has de ir más allá. Forma parte de la investigación. Capa tras capa te quitas aditamentos. No los necesitas. Puede que no regreses, lo sabes. La sensación es la de librar una lucha a muerte contigo mismo. Todos los heridos caen del mismo bando. Me acerqué y la sentí rondar. Y así durante meses. Mi vida por fuera iba de mal en peor, sin trabajo, alejado de todos, de amigos que ya no tenía, familia que se avergonzaba de mí, encerrado, ajeno a las redes sociales. Los demás intentaban adaptarse al sistema impuesto. Muchos a costa de su conciencia. Todo por subirse a la barca del veinte por ciento. El número mágico de los siervos que van a tener un sueldo. Es su programa. Los demás a morir. Es su necropolítica. Y así fagocitar, manipular, verter sus frustraciones sobre los demás. Es su problema si se ahogan. La ley natural es así. Luego voy a misa. Ejército de gregarios. Una guerra de cubos de mierda. Su único propósito es que no avances. Son los secundarios, los que se creen los listos a la puerta del matadero, pero entran sumisos. Te colapsan con instantes vacíos, canciones paliativas, desodorantes inútiles, espejismos de emociones paralelas, filosofías en dos minutos, caminos internos de medio metro, mediocres, mediocres, pertenecéis al lado del bien, el suyo, el aparente, y os juntáis como masa fecal, vuestro aroma es el fascismo, veréis luz a través del esfínter, vuestra espiral será el retrete de la guerra, vuestra sangre su festín... ¡Basta! Tardé meses en darme cuenta que todo lo provocaba yo mismo. No tomar una decisión te entierra bajo los caprichos y exigencias ajenas. El desapego es necesario. Has de alejarte. Al hacerlo, te etiquetan como disidente. Y has de serlo, sí. Un disidente de ti mismo.

Durante esos años aparecieron más cadáveres. Servían de relajación entre noticias apocalípticas. Todos atornillados a tierra. Cuando se dieron cuenta del patrón, consignaron silencio. Saben que la publicidad da ideas. Temían a los imitadores. O el propio sistema sacrificaba a algunos de los suyos, o algo no cuadraba. Con los asesinatos en serie la tensión se libera horizontalmente. El mal se adentra en tu zona de confort. Los depredadores amenazan tu hábitat. No salgas a la calle y ni te muevas. Necesitas estar más controlado. Perder más derechos. El truco del mago es conseguir que tú lo reclames. Más seguridad, restricciones, chips, control para el exterminio final. No lo dudes. Y no te muevas. Ni pienses en ello. Las conclusiones te provocarán el cortocircuito, el shock. El abismo te engullirá. Pues ellos mismos crean el problema. La solución siempre pasa por restringir esa zona que es tu vida en la sumisión. Pero esto tenía otro patrón. Los que caían eran de los suyos. Parecía que alguien se había cansado de ser víctima y se transmutaba en depredador. Depredador de depredadores. Ese giro en la espiral me sorprendió. Que no era cosa suya lo confirmaron con la censura. Pero todavía no habían conseguido cerrar todos los medios alternativos. Ni a la dark web. Quizá porque se servían de muchos de esos sitios para desinformar. Necesitan una zona de abismos, venderla como peligrosa. Todo ha de tener un aura de misterio. Pero son los mejores sitios para investigar. En ellos intentaba canalizar esa energía negativa escribiendo, alejado de sus redes de luz social, aullidos de tinta ante el abismo del folio, con el hilo que todo lo unía alrededor del cuello, sin llamar la atención, sin ser predecible, consciente de que el desvío hacia uno mismo es el camino más largo, tortuoso y peligroso... para ellos. Llegué a una especie de servidor llamado Paraziti Intestinale. Era un repositorio de escritos anarquistas. Llamó mi atención un manifiesto: Contra los hombres de los dos días. Según leía tenía la sensación de que algo suturaba mis ideas. Miles de datos recabados se unían en mi cabeza. Como quien junta explosivos para hacer una bomba orsini. Pero no me contaban quiénes eran ellos. Me estaban contando mi vida individualista. Conocían hasta los miedos que todavía no había verbalizado. Las derrotas, las dudas, las convulsiones, lágrimas, huidas, los laberintos del suicidio, los muros de la cobardía que los truncan, todo, los susurros de la parca en la soledad, las adicciones que me restaron, lo que me mantenía con vida, la seguridad de no cuadrar, la ficción de creerme especial, el escritor que investiga, el dolor de la verdad que te injertan, se te meten en la cabeza, eres su presa, y te demuelen palabra a palabra, capa tras capa te quitan aditamentos, algo te dice que no ya no existe el regreso, lo sabes, no sale ni una lágrima, pero esperas el chasquido en la chota, el ataque de ansiedad que te haga regresar, las cortapisas morales, lo esperas, y lo deseas... Pero no llega... E intuyes que el viaje es hacia uno mismo, siempre hacia uno mismo... Y te van borrando hasta que ya nada es... Y toda tu personalidad estalla.

No sé qué hago aquí. Pero no me importa. No necesito racionalizarlo. Ahora sé que el nodo de Gurdjieff y la fuerza oscura de Crowley son el mismo camino. Y recorro el sendero a mi voluntad. Cuando asciendo mi sombra les cubre. Cuando desciendo soy como ellos contra ellos. Llevo conmigo el arcano de la estrella, así nos reconocemos. Mis manos son espirales que les regresa a tierra. Como a los vampiros una estaca en el corazón, a las mujeres y hombres de los dos días una en el suyo: el ombligo. Unidos a tierra para evitar el rebote del gato muerto. En otro tiempo me sorprendería la arrogancia de mi lenguaje. Pero ahora sé que su degeneración es la última fase. Todos estamos programados. No queréis inmigrantes pero os habéis repartido miles de niños para vuestras orgías. A por mí veníais cuando no era. Ahora es mi tiempo, el vuestro se acabó, los dos días ya fueron, ahora pertenecéis al hombre muerto. Ahora todo sucede. Es así de simple. Ahora ya soy. Ese es el único metarrelato. Ya no me preocupa la melodía, en mí está la esencia, y es como una espiral, eso es: una espiral que tira de mí hacia arriba mientras alarga mi sombra. Es el lado oscuro de la palabra. Imposible de esquematizar. Construyes una escalera hacia el cielo que se replica en el infierno. Es la única manera de entrar en ella. Para morir y matar. Es su poder. Con él te han manipulado desde que viste luz. Pero ya no es exclusivo. A la vez que algo de ti se disuelve en ella, otra parte aflora. Sientes que todo está en ti y tú estás en todo. Y empiezas a remontar. Sin mirar atrás. Sabes que regresas del terreno de la locura. Sientes el poder de la palabra dentro de ti. Traes contigo su melodía, recuperas su fuerza natural y la capacidad para ejercerla. Ahora soy responsable, no me escudo en nada ni en nadie. Soy el instante en el que convergen los sentidos de la misma senda. El instante en el que desaparecen.

Sus medios hablan de mí. Me etiquetan con su nombre. Soy el diablo de los diablos y me descojono. Han hecho del infierno su paraíso de fuego. Y yo traigo espirales de agua en mis manos para apagarlo. Y joderles. Y exterminar a los pederastas. Ellos han cumplido su papel. Ahora empiezo yo.

Llevo un sacacorchos en la mano. Me gusta jugar con él sobre mi ombligo. La herida va cicatrizando. Es como una mira, un círculo que encierra una cruz que tacha mi ombligo, un cruce caminos que se concentra en un objetivo para matar, dar una solución a la aporía, aquí se extinguen las dudas, la muerte todo lo extingue, da por finalizada la espera. Es la espiral que desciende, no a morir y sí a matar al regresar al origen... Así como el camino que sigue la bala al ser detonada, su avance es en espiral hasta que encuentra destino. Y su destino es matar. 
 
Nos vemos en el nodo del vórtice
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Relato publicado en Vinalia Trippers 

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